Contra los periodistas

07.08.2016 | Opinión

Los periodistas tenemos mala prensa. Es paradójico que quienes controlamos –según dicen– la información la tengamos. Pero así es. Tradicionalmente, hemos recibido descalificaciones de intelectuales y literatos. Karl Kraus, por ejemplo, definía al periodista como alguien sin ideas pero capaz de expresarlas. Cyrill Connolly afirmó que la literatura es el arte de escribir textos que se leerán más de una vez, mientras que lo que escribe el periodista se pilla de inmediato (y se olvida). Graham Greene lo expresó así: los novelistas tratan de escribir la verdad, y los periodistas, ficción.

No me es fácil entender estas descalificaciones gremiales. Yo no diría que todos los intelectuales o novelistas son igual de inútiles. Ni los carpinteros o abogados. Ni siquiera los miembros del club de super ricos que exprimen a la humanidad. Pero para esa mayoría de la población que opina apoyada en tópicos los médicos son matasanos, los periodistas, mentirosos, y los políticos, ladrones.

Hablando de políticos –y asimilados-, querría mencionar a Francisco Granados, ex vicepresidente de la Asamblea de Madrid, hoy residente en la cárcel de Estremera, que él inauguró hace ocho años, cuando no se sabía, como ahora, de su vínculo con la trama corrupta investigada en la Operación Púnica. En una reciente comparecencia televisiva ante la comisión de investigación de la Asamblea de Madrid, que quería saber más sobre sus tejemanejes, Granados contribuyó a la descalificación genérica de los periodistas al tildarlos de “picadores de carne”, “esparcidores de la basura de la mañana” y “acosadores de señoras mayores de 80 años a la puerta de su casa”.

Vayamos por partes. Al hablar de picadores de carne, Granados quizás quisiera describir a un tipo de periodista sádico que armado con cuchillos, sierras radiales y trituradoras descuartiza y desmenuza a un congénere. Es una manera de verlo. Pero si revisara la literatura sobre picadoras de carne vería que lo único que pretenden estos instrumentos es conservar la carne tratada en su punto de jugosidad, ternura y grasa originales. El periodista enfrentado a semejantes ejemplares trataría, por tanto, de analizarlos para mejor exhibir sus rasgos definitorios, no para ensañarse con ellos.

Al hablar de esparcidores de basura, a Granados le salió el tiro por la culata: los periodistas quizás se dediquen a esparcir, pero la basura la ponía él o quienes, como él, la producen. Por último, al hablar de acosadores de señoras mayores, Granados se refería al incidente entre una periodista y su señora madre, en el que esta, acreditando modos propios de Puerto Hurraco, agredió a aquella.

En suma, no puede decirse que Granados haya superado a intelectuales o literatos a la hora de insultar a los periodistas. En eso no ha destacado. Pero, a la vista de las últimas informaciones sobre sus andanzas, quizás acabe sobresaliendo entre los miles de corruptos de este país.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 7 de agosto de 2016)