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Real Alcázar (algunas intervenciones recientes)
Arquitecto: Reina & Asociados
Ubicación: Sevilla.  Patio de banderas s/n

El Alcázar de Sevilla funciona como residencia real desde hace unos mil años. Empezó como tal hacia el siglo X, con los omeyas, y es ahora el domicilio oficial del rey de España en la capital andaluza. De manera que en su recinto se han sucedido, además de monarcas, construcciones palaciegas de acento mudéjar, gótico, renacentista, barroco, etcétera, casi siempre en buen estado de revista y prestas para recibir a su ilustre inquilino.
Este último condicionante ha propiciado allí un estilo de restauración convencional, que favorecía el esplendor de las últimas construcciones y a menudo velaba los brillos del pasado. Y así se sigue haciendo, porque en un monumento de este valor y con tantos visitantes –en el 2019 superó los dos millones– suelen coincidir conservación y conservadurismo.
Sin embargo, en los últimos años se han producido también allí pequeñas intervenciones de otro orden, a cargo del estudio de Francisco Reina, guiadas por la sensibilidad y la delicadeza, y cuyo propósito es desvelar o apuntar la complejidad histórica del Alcázar, introduciendo a veces materiales o lenguajes contemporáneos.
Una de esas intervenciones fue la protección del yacimiento arqueológico del patio de banderas, por el que se ingresa al recinto: un rectángulo de unos 700 metros cuadrados, que excavado hasta la cota menos 5 permaneció años a cielo abierto. Y cuando se decidió taparlo, por el habitual sistema de echarle tierra encima, Reina propuso un sistema de cajas de poliestireno expandido, talladas a modo de fundas de las estructuras arqueológicas, que llegada la hora permitirán reemprender la excavación en un pispás. Esta intervención se complementa, en uno de sus extremos, con una cripta practicable, que refleja los distintos estratos históricos, entre ellos restos del puerto de Hispalis o de la ciudad árabe.
Otra intervención se realizó en los sótanos del palacio mudéjar, levantado junto a la previa muralla almohade, transformando lo que fue primero almacén, luego espacio de recreo conectado a los jardines y después una escombrera, en zona de tránsito y futura área expositiva. Una tercera intervención, la más reciente, consistió en habilitar con materiales contemporáneos (acero y vidrio, en dosis minimalistas) una taquilla de venta de entradas en un cubículo de 16 metros cuadrados del Palacio del Yeso (siglo XII), que hasta hace poco se usaba como parking particular dentro del recinto del Alcázar, y que ahora desaparece tras un portón de madera al cerrarse.
Todas estas intervenciones de Reina en un espacio tan hermoso como el Alcázar demuestran que a la hora de restaurar un monumento de primer orden se puede, además de congelar alguno de sus rostros, sugerir o revelar la evolución, la variedad y la complejidad arquitectónica de su historia.

(Publicada en "La Vanguardia" el 12 de diciembre del 2021)