Con un toque infraestructural

27.11.2012 | Crítica de arquitectura
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Casa de la Cultura
Arquitecto: Daniel Mòdol
Ubicación. Plaza Pere Torrent. Lloret de Mar


Las instituciones tienden a concentrar servicios en un único edificio. En el caso que aquí abordamos eso significa integrar una biblioteca, salas de exposiciones, ludotecas, hogar de ancianos y oficinas. Ante un programa tan variopinto, el arquitecto tiene dos opciones: levantar un edificio compacto, que manifieste el abanico funcional en su interioro, por el contrario, una construcción fragmentada que identifique y distinga, ya desde la calle, cada uno de los servicios que contiene.
Daniel Mòdol optó en su Casa de la Cultura de Lloret de Mar por la segunda idea, y descompuso el volumen de su edificio en diversos paralelepípedos, de distintas texturas, para así lograr una pieza menos masiva. Fue una buena decisión. También lo fue rebajar alturas en los extremos de la construcción, para adaptarlas a las líneas de cornisa de las dos calles que la enmarcan, o atenuarlos con terrazas. Y asimismo lo fue abrir una calle que penetra entre los distintos cuerpos de esta casa de cultura, da acceso a sus varias dependencias, y transforma esta zona de distribución en una prolongación del espacio público de la plaza Pere Torrent, a la que este edificio da su cuarta y más reciente fachada urbana. Autor del proyecto de ordenación de la barcelonesa plaza de las Glòries encargado por el Ayuntamiento socialista, y director de varios trabajos infraestructurales, Daniel Mòdol ha querido aplicar la lógica de las grandes obras públicas en esta construcción en Lloret. Eso ha comportado un uso generoso, aunque no exclusivo, del hormigón. Y, también, el recurso a un lenguaje arquitectónico con alguna nota de ecos brutalistas. Entre ellas destaca la aportada por un volumen central, que puede llegar a parecer un contenedor suspendido en el aire, sobre una sola pata. He aquí un volumen que sobresale, y no lo hace con armonía arquitectónica: la paleta infraestructural se ha manifestado con trazos que querían ser radicales, pero pueden parecen sólo gruesos. Dicho esto, añadiremos que el edificio funciona bien. Las zonas de biblioteca y sala de exposiciones son espaciosas, cuentan con espacios de varias alturas, agradable luz cenital obtenida vía lucernarios tronco-cónicos y una piel acristalada que invitan al paseante a su uso. Las zonas de bar potencian también adecuadamente la relación entre exterior e interior. Y, en su conjunto, los distintos servicios se interrelacionan y potencian mútuamente a lo largo y ancho de los 8.000 metros cuadrados de esta obra.

 

Foto Jordi Bernadó