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Como un rio

14.09.2016 | Crítica de arquitectura

Centro cívico El Roure y Biblioteca La Ginesta
Arquitectos: Calderón/Folch/Sarsanedas
Ubicación: Begues. Av. Sitges, 14
Este edificio quiere ser naturaleza, dice el arquitecto Marc Folch a propósito del centro cívico El Roure y biblioteca La Ginesta, una construcción que integra distintos servicios en Begues. Esta población del Baix Llobregat, situada a 400 metros de altura, con alrededor de 6.000 habitantes, tiene, ciertamente, mucho de naturaleza. Incluye en su término buena parte del parque del Garraf y disfruta de una flora generosa y de una atmósfera aparentemente ajena al estrés capitalino. Es la misma atmósfera que impera en este edificio, situado junto al riachuelo que limita la localidad, y dispuesto siguiendo su curso en curva, acentuada para preservar y abrazar un roble (y un chopo) preexistente.
El paraje es hermoso y la arquitectura se adapta a él de modo respetuoso, pero sin renunciar a su carácter. Un carácter que es sobre todo evidente en su doble fachada de línea ondulante, armada con elementos metálicos estructurales, con madera y con láminas de vidrio, algunas de hasta dos por seis metros. En ella está quizás la mejor expresión de la obra, que armoniza su lenguaje contemporáneo con el entorno natural circundante.
Integrar servicios diversos en un solo edificio, además de una necesidad en términos económicos, es un encaje de bolillos que, en este caso, se re¬suelve satisfactoriamente. El -auditorio, con más de 300 localidades, se acopla bien en el volumen general, pese a sus proporciones superiores. La biblioteca disfruta de la fachada a norte, genera visuales transversales y propicia una estupenda relación del usuario con el exterior. El vestíbulo que recibe al visitante, y desde el que se accede a los diversos equipamientos, reproduce el movimiento de la fachada, juega con las columnas como si fueran parte de un arbolado y evoca el curso fluvial como patrón o referencia formal del edificio. Los materiales son humildes y no pocas estancias han sido resueltas de modo espartano. Pero, en su conjunto, el edificio, y en particular su fachada principal (también alguna lateral, revestida de madera), así como la calle peatonal y recién abierta que la recorre, constituyen una afirmación arquitectónica que no sólo es adecuada al entorno, sino que además consigue recualificarlo
(Publicado en “La Vanguardia” el 14 de septiembre de 2016)