Chema Madoz

21.07.2013 | Opinión

Chema Madoz exhibió recientemente en La Pedrera una selección de su obra, y hasta fin de mes puede verse en la Joan Prats su último trabajo. Las fotos de Madoz son siempre recomendables porque nos transportan a un tiempo inexplorado. Así es porque Madoz ve en objetos cotidianos unas posibilidades de relación y creación que la mayoría ni siquiera intuímos. Y porque exhibe mediante sus imágenes poesía, humor y paradoja como pocos fotógrafos saben hacerlo.

El tiempo.- La historia de la fotografía tiene una de sus primeras expresiones en el pictorialismo: una corriente deudora del paisaje, de la pintura, del pasado. Tiene en Cartier Bresson y la captura del instante una apología y una síntesis del presente. Y tiene en autores como Madoz una exploración de las infinitas y muy sugerentes posibilidades que ofrecen dos objetos al entrechocar: una exploración que nos aboca a tiempos desconocidos, a espacios de contradicción y a horizontes de futuro. Madoz no se inspira pues en el pasado ni se conforma con reflejar el presente: imagina y dibuja la foto antes de que exista, de tomarla.

Exterior/interior.- La evolución de las artes plásticas desde la figuración hacia el expresionismo abstracto trajo un desplazamiento de las fuentes artísticas. La representación del mundo exterior dejó paso a la manifestación del mundo interior de cada artista. Dicho de otro modo: Velázquez retrataba a personas de su entorno; echando mano de su talento excepcional, fijaba lo que sus coetáneos veían con la misma precisión que él, pero que eran incapaces de inmortalizar. Pollock, en cambio, expresaba a su manera particular un agitado mundo interior que sólo él percibía. El mecanismo creativo de Madoz es más complejo: mira a su entorno, elige dos objetos y los hace interactuar hasta que engendran otra entidad, que luego fotografía y nos sirve con un lenguaje preciso. La búsqueda de la novedad que rompe esquemas fue un acicate de las vanguardias, luego erróneamente enfatizado u olvidado. Madoz la recupera con brillantez.

Paradoja, poesía, humor.- Madoz evoca a Magritte, pero despliega más luz y claridad que el pintor belga, a menudo dado a lo misterioso o lo simbólico. Se acerca a Brossa, pero con una excelencia formal –encuadre, iluminación, contraste– que aparta sus imágenes del boceto y las convierte en obras formalmente irreprochables; en obras donde prima la paradoja (las nubes enjauladas); o la poesía (la aguja que engarza gotas de rocío, como perlas); o la fugacidad del éxito (el podio de triunfadores hecho con cubitos de hielo que se derriten).

En tiempos de infinitas imágenes, miradas veloces y atención menguante, la visión de Madoz es fuente de sorpresas. O una invitación a mirar y ver por nosotros mismos más de lo que solemos ver. Madoz es, por todo lo dicho, un autor de excelentes imágenes y un estímulo sensorial e intelectual. ¿Quien da más?

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 21 de julio de 2013)