Sin imagen

Cestas y mangueras de cine

14.06.2013 | Crítica de arquitectura

Cineteca
Arquitectos: J. M. Churtichaga y Cayetana Quadra-Salcedo
Ubicación: Matadero, paseo de la Chopera 14, Madrid. 


Además de un activo centro dedicado a la creación contemporánea, el rehabilitado Matadero de Madrid se ha convertido en un laboratorio arquitectónico. Lo probaron las intervenciones sobrias de Arturo Franco, la nota monumental, pero no menos sobria, de Iñaki Carnicero, y el imaginativo poblado para la Red Bull Academy de Langarita/Navarro. Todas ellas, operaciones de coste muy ajustado que insuflan nueva vida en las viejas naves de ladrillo situadas junto al paseo de la Chopera.

En esta línea de actuaciones, destaca la Cineteca de José María Churtichaga y Cayetana Quadra-Salcedo. Se trata de una operación practicada sobre cuatro naves sucesivas, en las que se han instalado un archivo, un plató, dos salas de cine y una cantina, además de oficinas. El archivo y los cines son las dos piezas de resistencia de esta obra que reinterpreta los espacios preexistentes sin olvidar el carácter histórico de los edificios, y que logra “sacralizar” alguno de ellos recurriendo a ¡30 kilómetros de manguera! Me explicaré. Este inaudito material constructivo, que se trenza sobre armazones metálicos, siguiendo el ritmo de los mimbres en cestería, y se ilumina hábilmente con leds, crea en las salas de cine, principalmente en la de mayores dimensiones, una atmósfera mágica, llena de brillos y reverberaciones. Lo mismo puede decirse de la gran lámpara hecha de manguera trenzada –esta naranja; la anterior, negra–, que protege el acceso al depósito subterráneo de películas, evocando el misterio de la bajada a una cripta… Son improbables cestas de manguera, que juegan con luces artificiales y naturales, como hace el mismo cine, logrando un gran efecto (otra cosa será, quizás, cuando el plástico de las mangueras empiece a degradarse dentro de unos años).

De momento, Churtichaga y Quadra-Salcedo han sabido hacer suyas las naves de ladrillo sin renunciar a su propia voz, alzándola incluso. Una voz que se expresa mediante las mencionadas cestas de manguera y luz, con tablas de pino pintado de gris oscuro, omnipresentes en suelos y paredes, y también con algún toque explosivo de color, entre viejos ladrillos y bajo viejas cerchas metálicas saneadas para la ocasión.

Salvo en el plató –una caja negra–, pasado y presente interactúan poderosa y armoniosamente en esta obra sorprendente, en su archivo y sus salas, y también en la cantina, que reúne sus impresionantes calderas, su graderío de madera y su agradable patio exterior. Atención a Churtichaga/Quadra-Salcedo, heraldos con Langarita/Navarro de una línea de trabajo que aúna bajos presupuestos, buenas ideas e infrecuente frescura.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 14 de junio de 2013)

 

Foto Fernando Guerra