Sin imagen

Cerrado pero abierto

26.02.2016 | Crítica de arquitectura

Teatroauditorio de Llinars
Arquitectos: Álvaro Siza y Aresta a+u
Ubicación: Llinars del Vallès.
Ronda Sant Antoni

Algunos edificios engañan. El nuevo teatroauditorio de Llinars del Vallès, por ejemplo. Desde el exterior, a primera vista, parece sólo una mole de ladrillo, encerrada en sí misma. En su interior, en cambio, revela una serie de espacios cálidos, acogedores y muy adecuados para sus cometidos relacionados con las artes escénicas; espacios que se relacionan muy bien con el exterior. El paso de la escala monumental exterior a la doméstica del foyer se produce además en un soplo. La mole de ladrillo responde a la vocación afirmativa de un edificio que es público y que cobijará en adelante la tradición escénica y musical de Llinars. Pero, obviamente, un autor como Siza no iba a quedarse en esta primera fase.
Para atenuar el volumen importante que suele corresponder a todo edificio con caja escénica, el portugués ha dispuesto una serie de incisiones en su edificio, que lo fragmentan y aligeran. La primera se descubre en su fachada principal, por lo demás prácticamente ciega. Pero las mayores son las que presenta en los patios de descarga situados tras el foyer. Estas hendiduras, así como las varias alturas de la línea de cornisa, generan con la luz solar juegos de sombras que dan carácter y dinamismo a la obra. Además del auditorio de 300 plazas, esta pieza reúne agradables salas de ensayo o polivalentes, con excelentes vistas a los retazos de bosque circundantes, poblados de pinos, encinas y robles. La obra está bien encajada en un paraje semiurbanizado, no lejos del Montseny, con masa boscosa y un torrente.
Siza evita en este trabajo excesos ornamentales. Confía la expresión a la certera combinación de unos pocos materiales: el ladrillo que recubre la caja de hormigón, el granito que usa en zócalos y rampas, la madera que pavimenta algunos suelos y el mármol de color crema que reviste parte de los interiores. Todos ellos se combinan con discreción y elegancia. No menos reseñable es el detalle con el que dibuja y materializa las entregas de materiales.
Ganador del premio Pritzker hace ya 24 años, Siza es uno de los grandes clásicos vivos de la arquitectura, con obras célebres, de Oporto a Porto Alegre, pasando por Berlín. En Catalunya había dejado varios trabajos, alguno discutido, como el del Servicio Meteorológico en la Villa Olímpica. El Auditorio de Llinars, en su modestia, es una obra apreciable, en la que Siza exhibe sus dotes de viejo maestro y demuestra que la pequeña escala no está reñida con la ambición compositiva.
 
(Publicado en “La Vanguardia” el 26 de febrero de 2016)