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Casa 016
Arquitectos: Josep Camps y Olga Felip (Arquitecturia)
Ubicación: Golf PGA Catalunya. Carretera N-II, kilómetro 701. Calle Pineda, 15

Josep Camps y Olga Felip se acreditaron el pasado decenio como una de las más prometedoras firmas catalanas de arquitectura, gracias al Centro Cultural Ferreries de Tortosa, el Museo de la Energia de Ascó o los Juzgados de Balaguer, equipamientos resueltos con una potencia formal y una elegancia que no siempre vienen de la mano, y menos entre jóvenes profesionales.
En años recientes Camps y Felip, al frente de su firma Arquitecturia, basada en Girona, han construido también residencias unifamiliares. Se levantan en ámbitos diversos, pero en casi todas han desarrollado una misma línea de trabajo, investigando las posibilidades de una mayor integración entre vivienda y jardín. La última de ellas, todavía no ultimada, pero a punto de entrega, se sitúa en el golf PGA Catalunya. Es este un peculiar ámbito deportivo-residencial, discretamente asentado entre la AP-7 y la A-2, a la altura de Santa Coloma de Farners y Caldes de Malavella. Cuenta con un hotel y alrededor de dos centenares de casas de alto standing y lenguaje moderno más o menos previsible. Estas casas con muy apreciadas, entre otros, por ciudadanos británicos, centroeuropeos o nórdicos amantes del golf y del sol mediterráneo, también de la privacidad y la seguridad propias de las gated communities que protegen a los afortunados de sus congéneres.
Las parcelas son en este club colindantes, alargadas y estrechas, con acceso a la vivienda en un extremo y vistas al green en el otro. Así las cosas, para aportar vida a todas las fachadas y desarrollar la mencionada integración entre vivienda y jardín, Camps y Felip apostaron por fragmentar el programa y la vivienda, en seis volúmenes, lo que permite introducir el jardín entre ellos y tener constante relación visual con él, mejorando la iluminación natural.
La construcción de cada uno de estos volúmenes es relativamente simple: muros portantes de hormigón sobre los que se colocan unos casquetes de madera laminada, con techo a dos aguas invertido. La altura de algunos interiores –más de cinco  metros en el salón-, así como la forma de dichos casquetes, propicia grandes entradas de luz triangulares, que dan una imagen singular a la obra. Los revestimientos interiores de madera están tratados de tal modo que cuesta distinguirlos del hormigón exterior, donde pervive la huella del encofrado con tablas.
Si en obras recientes, como la Casa 013 en Cassà de la Selva, entregada el año pasado, esa fusión del jardín y la vivienda es algo más contenida –su hermoso jardín central parece ubicado en una gran vitrina-, en la Casa 016 la integración es más franca. Y, como de costumbre en las obras de Arquitecturia, la contundencia formal y la elegancia, además del afán por ir algo más allá de lo requerido, están aseguradas.

(Publicado en "La Vanguardia" el 23 de enero de 2022)

Foto Pedro Pegenaute