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Cajas entre pinos y encinas

31.12.2013 | Crítica de arquitectura

No es la primera vez que se construye una casa entre árboles. Pero quizás sea la primera vez que se construye siguiendo este sistema. Y el resultado es muy apreciable.

Pablo Oriol y Fernando Rodríguez, los dos arquitectos treintañeros integrantes de FRPO, recibieron el encargo de construir una vivienda familiar, entre pinos y encinas, en una finca privada de Aravaca. Se trataba de respetar los árboles, integrando la casa entre ellos. Lo cual propició una idea inicial de disgregación: la casa estaría compuesta por once cajas, todas rectangulares, correspondientes a otros tantos requerimientos del programa (cocina, comedor, dormitorios, etc.). Oriol y Rodríguez barajaron hasta 24 plantas en busca de la mejor ordenación para estos

volúmenes. Y se inclinaron –aquí reside quizás uno de los mayores aciertos del proyecto– por la que les permitía unirlos de modo más conveniente, mediante tres espacios intersticiales de planta irregular que comunican las distintas dependencias y dan al conjunto holgura, sentido y confort.

La holgura es un elemento importante –y también paradójico– en esta obra acotada por los árboles. No se logra sólo con los citados espacios intermedios: también con una serie de ventanales de dimensiones variables que favorecen la relación con el exterior. Las vistas deseadas están cuidadosamente definidas por esas ventanas. Y, para que no quepa duda de ello, las numerosas puertas de la casa forman parte del muro, se mimetizan con él y son casi invisibles.

Para subrayar algo más la idea de integración en el medio –y lograr una casa ligera, que se tuviera sobre finos pilotes, sin necesidad de cimientos que afectaran las raíces de los árboles– Oriol y Rodríguez optaron por unos paneles de madera austríacos con capacidad estructural: madera entre la madera de los árboles del bosque. Y luego la pintaron de blanco, dentro y fuera, lo que sumado a un suelo continuo de un gris claro, potencian el aire nórdico y acogedor de esta casa.

FRPO buscaban una vivienda integrada entre árboles y es exactamente lo que han logrado. Con paciencia al dibujar la planta y delicadeza al dibujar el alzado, pero sin renunciar a cierta voluntad expresiva: una sóla caja de doble altura, entre las once existentes, les basta para dar escala a su obra y establecer una relación respetuosa, pero arquitectónicamente afirmativa, con su entorno natural.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 31 de diciembre de 2013)

Foto de Miguel de Guzmán