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Bienvenida verde a Barcelona

21.05.2016 | Crítica de arquitectura

Puente de Sarajevo
Arquitectos: BCQ
Ubicación: Barcelona. Calle Almassora
 
Desde tiempo atrás, Barcelona recibe a los visitantes que entran por la Meridiana con unas enormes letras blancas sobre muros de contención que forman la frase Benvinguts a Barcelona. Junto a ellas vuela el puente de Sarajevo, que se tendió en 1992, cuando el alcalde Pasqual Maragall estableció una relación solidaria con la villa bosnia. Era poco más que una pasarela, con calzada, dos aceras y una barandilla ordinaria. Ahora, debidamente renovado y reverdecido con un jardín vertical y unas pérgolas por las que subirán plantas trepadoras, el puente de Sarajevo aspira a convertirse en puerta verde de Barcelona.
Esta obra, inaugurada hace cerca de dos meses, es vista por todos los automovilistas que llegan a la ciudad procedentes de Girona o de Sabadell (o que salen de ella). Desde los coches se reconoce apenas su pretil cubierto por el jardín vertical, y las pérgolas de acero oxidado. Pero al caminar por su tablero se aprecia el intento de convertir un equipamiento infraestructural en un espacio público que lo recalifica. Esto se ha conseguido trabajando los pavimentos, que combinan asfalto con hormigón y cerámica, y dan un tono más doméstico al puente; con la disposición de una especie de balconada con suelo de madera, en el lado ciudad, que invita al paseo y a la contemplación de este río urbano que acaba siendo el flujo de automóviles; y también, claro está, con la vegetación que dará sombra a esta vía de enlace entre Trinitat Nova y Trinitat Vella.
El renovado puente de Sarajevo es un eco lejano de las Portes de Collserola, aquel concurso con el que el Ayuntamiento del alcalde Xavier Trias quiso dibujar líneas verdes en arterias de la ciudad. Algunos ciudadanos podrán preguntarse ahora sobre la necesidad de rehabilitaciones como la de este puente. O sobre si se trata de una apuesta por la vegetación con recorrido en la ciudad o, por el contrario, de un gesto cosmético. Pero quizás no serán los que ya lo usan, para cruzarlo o sentarse en él. Y es indiscutible, por último, que supone la conquista de un nuevo espacio público y ofrece una bienvenida verde a quienes llegan a la ciudad.

(Publicado en “La Vanguardia” el 21 de mayo de 2016)