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El chaflán es un signo de identidad del Eixample barcelonés. Pero no suele generar una arquitectura dispuesta a responder de modo específico a su particular geometría. La biblioteca Gabriel García Márquez, cuya inauguración está prevista para el próximo Sant Jordi, constituye una excepción. Este edificio, que ocupa una esquina de la parcela del complejo policial de la Verneda, se proyecta en voladizo, presidido por una tribuna, sobre el chaflán donde confluyen las calles Treball y Concilio de Trento. Y, de este modo, genera espacio público en su acceso y en cierto modo lo protege, junto a los plátanos que crecen en el perímetro de la acera.
No es esta la única singularidad del edificio, proyectado por Guillermo Sevillano y Elena Orte, responsables del estudio madrileño SUMA. Porque lo sostiene una estructura de paneles de madera, material que empieza a prodigarse en edificios de viviendas, pero aún es infrecuente en los de equipamientos, y en este caso se hibrida con el acero.
La hechura escultural de este edificio y su revestimiento, aún incompleto, con moldes blancos de fibra de vidrio (similar a la de las tablas de surf), no permite hacerse una idea de su interior. Hay que ingresar en él, por un amplio vestíbulo, y caminar unos pasos hasta llegar a su patio interior de planta triangular por el que sube la escalera principal, para sorprenderse muy agradablemente gracias a la espléndida iluminación cenital y lateral, y a la holgura espacial.
La madera de abeto austríaco rojo y el vidrio son omnipresentes en esta sofisticada estructura, que se afianza sobre tres núcleos verticales en tres esquinas de la construcción, de las que cuelgan los distintos pisos, con plantas diáfanas. Como, por ejemplo, el destinado a gran salón de lectura, tras la tribuna de fachada. O los diseñados para un abanico de funciones, desde el tradicional auditorio hasta un estudio radiofónico, pasando por un archivo. Con alrededor de 3.000 metros cuadrados útiles, la García Márquez, especializada en temática americanista, será la quinta mayor de la red pública barcelonesa de bibliotecas.
Sevillano y Orte han logrado un interior confortable, luminoso y cálido, cualidades que favorecen la lectura. Y lo han hecho avanzando en el empleo de un material estructural cuyas prestaciones de medioambientales –reducción de la huella de carbono y de la emisión de gases, capacidad de reciclaje, etcétera– son conocidas y muy apreciables.

(Publicada en "La Vanguardia" el 9 de enero de 2022)