“Beast in me”

04.11.2012 | Opinión

Nick Lowe, un músico de éxito inversamente proporcional a su enorme talento, es autor entre otras muchas canciones de Beast in me. Es decir, la bestia que hay en mí. Él mismo la canta en su disco The impossible bird (1994), con voz queda y tono intimista, casi a ritmo de nana, como si no pasara nada. Pero sí que pasa. Ya en su primera estrofa, nos dice: “La bestia que hay en mí / está enjaulada y sujeta con frágiles ataduras / No descansa de día / Y de noche despotrica bajo las estrellas / Dios, ayúdame; la bestia que hay en mí…”.
O sea, cuidado con el energúmeno que llevamos dentro, no vaya a ser que salga de paseo y luego no sepamos devolverlo al redil.Todos llevamos una bestia escondida en las entrañas, un reflejo del bruto ancestral que dialogaba a garrotazos. Hay excepciones, sí. Pero la mayoría escondemos esa bestia, aunque sea en lo más recóndito de nuestra particular sentina. Y luego hay unos cuantos que prefieren no esconderla y, con excesiva frecuencia, la exhiben para que ladre a gusto.Estas bestias acostumbradas a la luz pública pueden llegar a escapar por completo al control de sus tutores, y en tal caso lo que hacen es suplantarlos para, luego, reunirse con sus iguales en tertulias de la tele o la radio, en las páginas de opinión de determinados diarios, dispuestas a machacarse y, de paso, cruzar una línea sin retorno. Son como zombis o replicantes o terminators: seres que escaparon a nuestro dominio y pueden quebrarnos la vida.La canción de Lowe ha venido a mi memoria tras saber de algunos debates televisivos, todos ellos relativos al tema que ilumina nuestro futuro. En dichos debates, algún tertuliano había sido suplantado de cabo a rabo por su animal más intolerante. Dicha bestia vestía sus ropas, presentaba su aspecto físico e impostaba su tono de voz. Pero ya se había desprendido de cualquier cortesía o decoro: avasallaba a su interlocutor o interlocutores, les interrumpía en el uso de la palabra e invadía todo el espacio sonoro con la delicadeza con la que se invadió Polonia.Tales episodios de suplantación, que nada bueno auguran a la convivencia, que nos alertan sobre su fragilidad, no son privilegio de un bando o de otro. Se dan en ambos. Ya sé que esto no sentará bien en ninguno. Lo siento. Es así. La ideología no es aquí determinante. Lo que busca toda bestia desatada no es dialogar y convencer. Prefiere arrasar al discrepante, borrarlo del mapa, de la memoria colectiva, del registro genético, del sistema solar.Me dirán que exagero, que un acaloramiento lo tiene cualquiera, que las posiciones, cuanto más explícitas, mejor… Ya… Entre tanto, Nick Lowe sigue cantando Beast in me. Y ahora dice así: “A veces \[la bestia\] / trata de engañarme y dice que es sólo un osito de peluche / o alguien que se desvanece tal como aparece / Y entonces es cuando debo llevar más cuidado / con la bestia que hay en mí”.