Barbaries

25.11.2012 | Opinión

Vivimos en la civilización de las imágenes. Nos hemos acostumbrado a consumirlas sin ton ni son. La vida se ha convertido en un frenético videoclip. Nuestras estresadas retinas tratan de identificar cada una de esas imágenes, pero no logran retenerlas, porque otras llegan achuchando y las borrarán de nuestra memoria. Aun así, cada semana tiene su foto: aquella que ha sido reproducida con más frecuencia en los medios, hasta hacerse un hueco en nuestro recuerdo.
La foto de esta semana quizá sea la de Carlos Delgado, conseller de Turisme de Baleares, con la testa coronada por los testículos del ciervo que acaba de abatir en una montería. La imagen es del 2011, cuando el popular Delgado era alcalde de Calvià (cargo en el que sobresalió por contratar a su novia como asesora). Pero fue desvelada hace siete días por el diario palmesano Última Hora. En ella, el cazador sonríe mostrando su generosa dentadura, mientras hace con las manos el signo de la victoria. Procedente de las gónadas cercenadas, la sangre aún caliente del animal chorrea por la frente y las mejillas de Delgado hasta manchar su camisa verde oliva. La racial estampa remite a primitivos usos cinegéticos, de cuando el hombre cazaba para comer y cobrar pieza equivalía a garantizar el sustento familiar. Todos aquellos que anden ahora en esa lucha -la lucha por la subsistencia, no por el trofeo de caza- intuirán quizá la alegría de Delgado. Pero también es probable que la consideren caprichosa o extemporánea; y, atendiendo a su papel político, inadecuada y contraproducente. Dicho de otro modo, no hace falta ser de izquierdas para admitir que el responsable del turismo en Baleares hace un flaco favor a su cargo con semejante imagen; que perjudica a su partido y en nada contribuye al pensamiento conservador; y que se perjudica a sí mismo, puesto que al mostrar tan espontáneo y viril contento no hace sino autorretratarse por su lado menos favorecido.Por desgracia, la conducta de Delgado no es la única digna de censura. También lo es la de personas que, desde una supuesta superioridad moral, cuelgan en internet comentarios salvajes sobre la foto. He leído a una presunta feminista diciendo que ella se haría un collar con los testículos del consejero. A un presunto izquierdista animando a los pijos cazadores a cazarse entre ellos. Y a un supuesto animalista proponiendo para Delgado un trato más cruel que el dispensado por el consejero a su ciervo emasculado. Pura barbarie bajo máscara contestataria.Estamos inmersos, decía, en la civilización de la imagen. Según gana terreno, lo pierde la palabra. Y, con ella, la reflexión. Impera el estímulo ancestral, la conducta primaria. Muchos críticos de esta deriva no logran sino abonarla con comentarios zafios. Craso error. Porque las muchas pantallas que nos asedian emitirán más y más imágenes lamentables. Pero las palabras todavía pueden y deben medirse.