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Pabellón en el Centro Miralbueno-El Olivar
Arquitectos: Jaime y Francisco Javier Magén
Ubicación: Zaragoza. Calle Argualas, s/n

El Centro Deportivo Miralbueno-El Olivar se edificó en los años sesenta alrededor de una vivienda agrícola, que se transformaría en bar de verano de la entidad, resaltando una vez reformada los arcos de su fachada. Ya entrado el siglo XXI, y tras una ampliación de la superficie del club que dio al bar una nueva posición central en el recinto, se decidió reformarlo otra vez. Pero su mal estado aconsejó derribarlo y sustituirlo por uno nuevo.
Los arquitectos Jaime y Francisco Javier Magén proyectaron esta obra de nueva planta con dos objetivos: evocar sutilmente la construcción que iban a reemplazar y responder a su nueva posición central en la trama de recorridos por las instalaciones del club. Objetivos que han alcanzado con unos paños de fachada de carga que son arquerías de hormigón, con ojos de distinta amplitud, y que crean soportales bajo los cuales se cobijan parte de las mesas y sillas de la terraza del bar. En la planta baja, las fachadas de hormigón son delgadas y curvas –en cierto modo remiten al lenguaje de Toyo Ito en la biblioteca de la Universidad de Arte de Tama, de mayor complejidad estructural–. Eso les confiere una ligereza y un dinamismo que no suelen asociarse a dicho material, además de recoger los diversos senderos del club que confluyen en el bar. A su vez, las fachadas del primer piso, retranqueadas, rectilíneas, dibujan también arcos de radios diversos.
Tras esta fachada-arquería sinuosa, y contrastando con ella, una caja de vidrio y aluminio envuelve, a modo de segunda piel estanca, la parte interior del bar, así como sus cocinas y otros servicios.
Buscar cierta sintonía con lo preexistente en el lugar donde se construye suele ser una buena idea (salvo en ámbitos arquitectónicamente desgraciados). Entre otros motivos, porque­ evita expresiones caprichosas, innecesarias y al fin contraproducentes. Lo es en el espacio público urbano y también en un recinto privado cuya memoria comparten sus usuarios. Los hermanos Magén son hábiles en este tipo de cometidos. Lo constatamos semanas atrás a propósito de su auditorio en Illueca. Y lo corroboramos hoy a partir de esta obra, aparentemente sencilla, pero de delicado diseño y muy airoso resultado.

(Publicada en "La Vanguardia" el 3 de abril de 2022)

Foto Rubén Pérez Bescós