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Aprender por ósmosis

07.10.2016 | Crítica de arquitectura

Escuela de Arquitectura de la Universidad de Granada
Arquitecto: V. López Cotelo
Ubicación: Granada. Campo del Príncipe, 1

Dice un profesor de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Granada que en su sede, reformada por Víctor López Cotelo, los alumnos aprenden por ósmosis, por el mero hecho de estar en ella. Y tiene razón: no sería fácil encontrar otra facultad como esta, en la que cada detalle aportado por quien rehabilitó su edificio constituye una lección de arquitectura.

Casi nada indica en la fachada de esta construcción –que antes que escuela de arquitectura fue, sucesivamente, señorial residencia del Almirante de Aragón, convento y hospital militar– lo afirmado en el anterior párrafo. Pero una vez el visitante ingresa en su primer patio (el viejo) y descubre las piezas de distintas épocas que integran el conjunto, se da cuenta enseguida de la armonía con que Cotelo ha integrado lo nuevo y lo viejo. Tanta que, a primera vista, no se aprecian grandes diferencias. Luego, a poco que se fije, percibe que por encima de los cuerpos centenarios rehabilitados o de las arquerías se ha situado otro volumen, con un ritmo de ventanas contemporáneo, o una terraza cubierta a dos aguas. Y que, entre ambos, un gran cajón de metálico, de elegante factura, oculta instalaciones. En esta obra, todo lo que puede aprovecharse, porque aporta arquitectura, se aprovecha. Así se aprecia, por ejemplo, en el salón de grados, una moderna instalación entre muros historiados.

La principal intervención se ha realizado en el segundo patio (el nuevo), ubicado en fincas colindantes añadidas en su día al complejo. Bajo él se ha construido el aula magna, una cálida sala envuelta en vidrio, de mobiliario funcional y aire centroeuropeo o nórdico, reflejo de la larga experiencia alemana de Cotelo. Desde la superficie, se aprecian las distintas fachadas interiores: una con enorme celosía de madera; otra de resolución muy simple, con un cajón de cristal injertado a la altura de la cornisa, que alberga la luminosa y gran aula de proyectos.

La buena arquitectura de Cotelo está en el conjunto de la obra. Y está también, siempre, en los detalles. En el modo que utiliza granito o madera u otro tipo de pavimentos, en función de las áreas. En el modo en que integra bancos, taquillas, sistemas de climatización y bandejas de instalación, dado entidad a los pasillos. En cómo logra ventilaciones cruzadas mediante aberturas bajo ventanas. En su abanico de soluciones para la protección solar en función de la distinta insolación…

Dice el profesor citado al principio: “Nuestra vieja escuela era una antiescuela; la nueva es una maravilla”. Y vuelve a tener razón. Porque este edificio combina el resuelto afán de intervención de Cotelo con el tono contenido de su maestría. Y porque, además de cumplir su función básica, que es la de dar cobijo a los estudiantes, estimula su sensibilidad y orienta su buen hacer profesional.

(Publicado en "La Vanguardia" el 7 de octubre de 2016)