Amigos y enemigos

24.02.2013 | Opinión

El “Financial Times”, biblia periodística de la City de Londres, ha cumplido 125 años este mes. Para festejarlo, publicó una edición especial en cuyo interior reproducía su primera portada. La selección de noticias que allí se recogían era bien curiosa: desde la improductiva explotación de una mina de oro en Gales hasta la traqueotomía practicada al príncipe heredero de Prusia, pasando por telegramas llenos de naufragios enviados por los corresponsales de la aseguradora Lloyd’s en Río Grande, Calcuta o Sebastopol. Pero lo más llamativo de dicha portada eran, a mi modo de ver, las dos listas que flanqueaban su cabecera. En ellas, el diario se declaraba amigo de cierto tipo de agentes económicos y enemigo de otros. En los tiempos presentes, tan difíciles para la prensa, esta discriminación quizás no se produciría. Cualquier diario acogería entre su clientela a todo aquel dispuesto a para por un ejemplar, aunque se pareciera a Jack el Destripador. Pero el primer “Financial” distinguía entre “buenos” y “malos”. Por un lado, se proclamaba en dichas listas como amigo del financiero honesto, el inversor responsable, el bróker respetable, el ejecutivo íntegro y los especuladores que actúan para regular el mercado. Y, por otro, se proclamaba enemigo de una bolsa cerrada y opaca, de los promotores sin escrúpulos, de los destructores de empresas, de los que hacen experimentos insensatos, de los alcistas y de los bajistas, y de los que operan en la escena financiera como si fuera un casino.

La del “Financial Times” es una historia de éxito. Hoy sus ediciones impresa y digital suman más de 600.000 copias. Y, más importante que eso, está considerado como un faro que, además de la City de Londres, ilumina ya el conjunto de las finanzas globales. Curiosamente, su pujanza en la escena económica ha ido en paralelo a la de los agentes que situaba en el bando enemigo. No digo que haya relación entre una cosa y la otra: constato sólo ese paralelismo. Y a la pruebas me remito. Formalmente, la bolsa está abierta a todo aquel que quiera aventurarse en ella; pero la inmensa mayoría de los que la frecuentan mueren si n hallar –y, muchos menos, controlar- los resortes que la mueven. El promotor sin principios ya no es una excepción sino, en un país como España, una frecuente figura genérica que ha dirigido la nave económica nacional hacia los escollos. Si hablamos de destructores de empresas, automáticamente viene a la mente Gerardo Díaz Ferrán, que provocó siniestro total en su grupo empresarial mientras encabezaba la patronal española. Los alcistas y bajistas abundan como setas, y causan tormentas financieras tan frecuentes como perniciosas para los pequeños y medianos inversores…

En fin, deseamos otros 125 años de bonanza, por lo menos, al rotativo británico. Pero que dios nos pille confesados si sus viejos “enemigos” van a seguir progresando en paralelo y fuera de control.