Centro cívico Cristalerías Planell

Arquitectos: HArquitectes

Ubicación: Barcelona. Calle Dr. Ibáñez, 48

 

Durante años, los últimos vestigios de las Cristalerías Planell se redujeron a dos muros de ladrillo dispuestos en ele, con un mosaico modernista en el dintel de su portalón. La que fue una industria de Les Corts con 500 empleados había quedado reducida a esas dos fachadas protegidas, que rodeaban en parte un solar triangular de 500 metros cuadrados y parecían a punto de venirse abajo. Ahora, gracias al trabajo de HArquitectes, acaba de abrirse allí un equipamiento público que combina el rigor murario con la delicadeza de las cuatro torres de vidrio que lo coronan. Estamos hablando de un ejercicio de recuperación arquitectónica imaginativo y meticuloso en lo tocante a memoria, materialidad y eficiencia térmica.

El encargo final recibido por HArquitectes fue convertir aquellos dos muros en un centro cívico con dos aularios y un espacio para entidades del barrio. Las primeras decisiones de los proyectistas fueron aprovechar toda la parcela, añadir una planta y completar y cerrar el edificio con ladrillo en las fachadas norte y oeste, mientras remataban la sur con pavés de vidrio en el nivel superior. Estos elementos y las cuatro chimeneas de vidrio de ancha base sobre la cubierta perfilan la silueta de la obra. Pero su elemento más característico está en el interior: un patio corrido de dos metros de anchura, situado entre la fachada histórica sur y la de nueva planta, que crea una cámara de aire útil a efectos térmicos y acústicos, además de permitir captar luz cenital.

Ni este recurso ni las cuatro chimeneas solares de vidrio son visitables. Pero contribuyen decisivamente a lograr el confort adaptativo que persiguen los arquitectos. Es decir, una climatización con medios naturales que reduce al mínimo –en este caso, un suelo radiante– los artificiales. El patio tiene las funciones ya descritas. Las chimeneas ejercen como invernaderos, captando calor e interactuando con un sistema de toberas verticales practicadas en los muros por donde circula el aire, potenciando la inercia calórica en invierno y refrescando en verano.

También son encomiables la racionalidad y el aprovechamiento de la planta, vertebrada por un pasillo central que separa aulas de oficinas. Y también lo es el esmero del trabajo con el ladrillo, que no sólo respeta las preexistencias y funde con fortuna lo viejo y lo nuevo, sino que además incorpora pequeñas piezas de vidrio y grandes ventanales en la fachada norte, exhibe ritmos cambiantes (pero deudores de la estructura del edificio) y dibuja en las esquinas cremalleras a la manera del colombiano Salmona.

 

Por todo lo dicho, y aunque no haya acabado enero, puede aventurarse ya que este será uno de los mejores edificios del año en Barcelona.

 

(Publicado en "La Vanguardia" el 27 de enero de 2017)

 

Foto Llàtzer Moix

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