Sin imagen

Ya no se hacen edificios como este

28.06.2014 | Crítica de arquitectura

Ya no se hacen edificios como CaixaForum Zaragoza. Ya no se encargan en España piezas con tanta voluntad afirmativa y con un componente escultórico tan manifiesto. Ya no abundan los clientes dispuestos a conceder plena libertad al arquitecto –en este caso una arquitecta, la barcelonesa Carme Pinós- y a permitirle controlar la construcción de principio a fin, desde su concepción hasta la elección del color de las sillas…

CaixaForum Zaragoza es la única sede de esta entidad totalmente de nueva planta. En Barcelona CaixaForum se sitúa en la rehabilitada fábrica Casaramona, de Puig i Cadafalch. En Madrid, en una vieja central eléctrica transformada por Herzog & De Meuron. En Sevilla, Vázquez Consuegra trabaja ahora para acomodarla en los bajos de la torre Cajasol. A Pinós, por el contrario, la Caixa le propuso partir de cero. Y su respuesta se materializó en un edificio que parece un Oteiza suspendido en el aire, o un árbol con copa angulosa o, de noche, un firmamento o una lámpara azul.

Esta formalización, aunque caprichosa, tiene sus motivos. CaixaForum iba a ser uno de los siete edificios previstos en terrenos de la vieja estación de Portillo para definir un nuevo parque. Por su posición en la parcela, debía hacer las veces de pórtico.Y es por ello que Pinós decidió suspenderlo, elevar las dos grandes salas de exposiciones que contiene, de 400 y 800 metros cuadrados, y convertir así su obra en una gran puerta para el parque. Eso la llevó a diseñar una peculiar estructura: dos enormes lienzos de hormigón sobre los que se sitúa una jácena metálica de la que pende todo el edificio. Y, luego, a maclar las dos grandes salas, que colocó una encima de otra, pero sobre distinto eje, buscando vistas cruzadas y el contacto entre ellas y con la ciudad. Para luego completar este CaixaForum con un gran auditorio subterráneo.

Es bueno conocer las razones que determinan que un edificio sea como es, en especial cuando resulta tan singular. Por supuesto, pueden discutirse su arrojo formal y los criterios y prioridades que lo determinaron. Puede agradar más o menos el resultado final, la contundencia con que se impone en la trama urbana. Pero también es fácil apreciar el potencial del entorno. O el dinamismo de su vestíbulo inundado de luz y sustentado por haces de pilares no verticales. O la fluidez con que se nos conduce hacia el auditorio. O sus escaleras, una interior de planta triangular; otra exterior con vocación objetual. O las salas de exposición que, a ratos, meten la ciudad en su interior. O el restaurante atravesado por la ya citada jácena que expresa el vigor estructural de la obra.

En tiempos en los que priman las propuestas necesarias, imprescindibles, este CaixaForum parecerá a algunos excesivo. Pero, en tanto que pieza arquitectónica, constituye una hito mayor en la carrera de Carme Pinós.

 

(Publicada en “La Vanguardia” el 28 de junio de 2014)