No todo es dieta y ejercicio, en Hollywood se rumorea que detrás de los cuerpos de infarto de muchas celebrities se esconde un tratamiento corporal de última generación”. A primera vista esta es una estupenda noticia para los obesos con mala conciencia: se acabó el sufrir y el pasar hambre. Según el anuncio resumido en la primera frase de este artículo, hay un método alternativo a tales penalidades, un esculpido corporal prodigioso que elimina grasas a porrillo. ¡Eureka! 
Pasada la euforia inicial, uno relee el anuncio –aparecido tiempo atrás en la prensa– y se atasca en dos palabras: “se rumorea”. ¡Vaya por Dios! Eso le quita fuerza, porque como todos sabemos –y muchos empiezan a olvidar– un rumor merece mucho menos crédito que una noticia contrastada por un diario fiable. Pero, en fin, no es eso a lo que voy, sino al hecho de que este anuncio toma como ejemplos que imitar a anónimas socialites, celebrities, it girls e influencers, así, a bulto, y se dirige a las chicas o chicos que desean formarse (no profesional o intelectualmente, sino anatómicamente) para ingresar en alguno de los mencionados gremios, que hoy ofrecen visibilidad y, con un poco de suerte, ingresos.
En el fondo, una socialite es algo parecido a una celebrity, una it girl o una influencer: alguien que vive o intenta vivir de su cara o, más exactamente, por la cara. Pero es conveniente apreciar los matices que las diferencian. Una socialite era una dama que se personaba con soltura en los círculos más selectos y adinerados. Le bastaba con echar los anzuelos pertinentes para pescar un buen atún y vivir la mar de bien. Una celebrity, en cambio, es una persona que ha ganado fama con sus apariciones en los medios de comunicación de masas, ya fuera actuando en películas, cantando sobre los escenarios o exhibiendo sus miserias en un reality show. Sigamos, ahora por la senda de las redes. Una it girl es una chica que tiene un encanto indefinible, por encima de la belleza o la simpatía, un algo que la hace especial y la convierte en una referencia en internet. O, dicho de otro modo, es la materia prima para la influencer, que ya se presenta como un vehículo para el márketing de determinados productos. Cuando una ­influencer de éxito cuelga en internet una foto vistiendo esta falda o aquel pantalón, sus fabricantes se frotan las manos.
Hay tantos jóvenes pensando en ganarse una pasta a base de hacerse fotos y colgarlas en las redes, hay tantos aspirantes a it girl y a influencer que antes de ganar notoriedad se han convertido ya todos ellos, como grupo, en un target comercial. Por ejemplo, para esos escultores de cuerpos que garantizan anatomías de vértigo sin necesidad de renunciar al embutido o a la cerveza y evitando cualquier ejercicio físico. Lo cual da un poco qué pensar: es como soñar que uno va a revolucionar la estética del siglo y, despertar convertido en carne de liposucción industrializada. ¡No somos nada!

(Publicado en "La Vanguardia" el 12 de agosto de 2018)