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Can Mates

Arquitectos: Manuel Bailo y Rosa Rull

Ubicación: Mira-sol (Sant Cugat del Vallès). C. Antoni de Solanes, 10-12

Del mismo modo que algunos fabricantes de coches renuevan, modelo a modelo, su compromiso con la preservación del medio ambiente, algunos promotores inmobiliarios tratan de hacer lo propio con cada nuevo bloque. Las viviendas de Can Mates, en Mira-sol, son una prueba de este afán de excelencia. En sus 16 pisos, que ahora se están entregando a los propietarios, los promotores se ufanan de haber optimizado los niveles térmicos, de humedad y lumínicos, pero también los bioeléctricos, los acústicos o los relativos al aire que respiran los inquilinos, recurriendo a sistemas de última generación. La idea es lograr espacios saludables, sostenibles, energéticamente eficientes. Para conseguirlo, han cableado las viviendas de tal modo que no se generen campos eléctricos y magnéticos perjudiciales, se han dispuesto muros interiores más gruesos y se han instalado sistemas de ventilación de doble flujo que garantizan la frescura del aire respirado. Y se han usado materiales de proximidad, electrodomésticos que no generan emisiones nocivas y pinturas orgánicas sin formaldehídos.
Las nuevas tecnologías ayudan, ciertamente, a conseguir viviendas más saludables. Pero la arquitectura también lo hace, a menudo renovando técnicas tradicionales. En esta línea, el arquitecto Manuel Bailo ha diseñado unos pisos con generosos espacios perimetrales al aire libre (cada vivienda, de unos 140 metros, tiene un promedio de otros treinta exteriores); y ha dibujado las fachadas oeste y este con criterios complementarios. En la primera, mediante una ligera celosía de hormigón con aislamiento exterior, que reinterpreta la tipología de la galería del Eixample barcelonés: espaciosas cámaras con dos planos de vidrio que en invierno forman un volumen que aporta calor natural al piso y en verano lo frenan con lamas orientables. En la segunda fachada se abunda en los amplios espacios exteriores, mucho más despejados, con generosas vistas a la piscina y el futuro huerto comunitario, que se regará con aguas pluviales recogidas ex profeso. En ambas fachadas, la franja exterior tiene casi dos metros de profundidad, gracias a una normativa municipal sensible a los esfuerzos de los constructores, a los que ha permitido no computar como construida dicha franja que contribuye a la climatización natural.
En los últimos años, que han sido de progresiva concienciación ecologista, abundan las ofertas de viviendas con diversos certificados medioambientales, que unos persiguen con más o menos recursos y con mayor o menor convicción. Aquí los recursos están por encima de los habituales. Pero la convicción, también.

 

(Publicada en "La Vanguardia" el 15 de mayo de 2018)