Videntes futbolísticos

20.04.2014 | Opinión

Recuerdo como si fuera ayer la primera vez que oí un augurio futbolístico, hace cerca de cuarenta años. (Para que luego digan que la memoria es selectiva: la mía rebosa trivialidades). Ocurrió en un bar ya desaparecido, pero memorable porque servía aperitivos muy generosos. Antonio, el camarero, comentaba el próximo partido dominical del Barça con un parroquiano pesimista. El primero decía que iba a ganar; y el segundo, que iba a perder. Fue entonces cuando, para erradicar toda duda, y usando un tono que no admitía réplica, Antonio sentenció:

–El Barça ganará, concretamente por dos a uno. No hay más qué hablar.

El Barça no ganó por dos a uno, como decía el pitoniso-barman, sino que ese domingo le dieron un baño. Pensé entonces que Antonio no estaba dotado para la videncia y atribuí la vena pronosticadora a su carácter escasamente cartesiano. Un tipo singular, me dije. Pero estaba equivocado. Según he podido comprobar a lo largo de los años, la ciudad está llena de Antonios. Y no todos son camareros. También hay periodistas y arquitectos, informáticos y enfermeros, etcétera. La formación académica o profesional no cuenta. Lo único imprescindible es ser forofo del equipo de turno. Con este título, cualquiera cree estar facultado para ejercer como augur capaz de prever el resultado de un encuentro.

Poco a poco, dicha especialidad ha ganado en ambición. Ya hay pitonisos que, no contentos con adelantar el resultado, añaden qué jugador marcará cada tanto, y en qué minuto. Y precisan incluso si alguno de ellos será de penalti y si habrá expulsiones. A menudo, el que escucha semejantes vaticinios no se queda callado. Por el contrario, contraataca con el suyo propio, que por supuesto difiere del anterior, a veces de manera abultada. En lo único en que coinciden es en el aplomo con que hacen su previsión. En eso, y en la carencia de base racional para hacerla. Ah, y también en las altísimas posibilidades que tienen de equivocarse. A pesar de lo dicho, este tipo de vaticinios se han generalizado ante cualquier partido del siglo, o de la temporada, que como es sabido son la mayoría. Por ejemplo, ante la final de Copa del Rey que el miércoles disputaron el Barça y el Madrid. También en sus vísperas oí muchos pronósticos favorables a los azulgrana. Y luego pasó lo que pasó.

Han transcurrido, como dije, cuarenta años desde que descubrí esta práctica. Pero aún me pregunto a qué se debe y por qué se multiplica, cuando carece de fundamento, en especial si el pronóstico se ramifica y detalla. La única respuesta que hallo es que los augures presentan como realidad lo que sólo es un deseo guiado por el optimismo, y quizás nunca sea más que eso. Porque –lamento afirmarlo– la cruda realidad suele acabar venciendo al optimismo infundado. Si no lo ha hecho ya del todo, es muy probable que lo haga cualquier día. Y yo vaticino que será, digamos, por dos a uno.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 20 de abril de 2014)