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Estación Alcázar Genil
Arquitecto:  Antonio Jiménez Torrecillas
Ubicación:  Granada. Camino de Ronda

Antes de que se construyera la Alhambra, Granada contaba ya con numerosas fincas agrícolas y de recreo en su fértil vega, regada por el río Genil procedente de Sierra Nevada. Una de ellas era Alcázar Genil equipada con dos albercas almohades del siglo XIII, una de enormes dimensiones (121 x 28 m). Hoy queda poco de dicha finca: su área de influencia se transformó, a partir de los años setenta del pasado siglo, en una zona densamente edificada, donde los bloques de viviendas sustituyeron a los cursos fluviales, las arboledas y los cultivos.
El arquitecto Antonio Jiménez Torrecillas, fallecido en el 2015, se distinguió por su exquisita sensibilidad histórica y plástica, plasmada por ejemplo en su recuperación de la muralla nazarí en el Alto Albaicín. Esa sensibilidad fue la misma que presidió su obra póstuma, la estación de metro de Alcázar Genil. Inicialmente fue invitado a participar en la misma como consultor de un equipo de ingenieros de caminos. Pero poco a poco fue ganando terreno hasta convertirse en su inspirador.
Esta estación tiene poco que ver con otras. Su cota inferior está a una veintena de metros bajo el nivel de calle. Pero a pocos metros de la superficie aparecieron los vestigios de la gigantesca alberca del Alcázar Genil, que se decidió conservar, suspendida sobre las vías, justo por encima de la escalera mecánica que lleva del vestíbulo a los andenes. Y no sólo conservarla: también hacerla visitable, mediante un delicado sendero de vidrio que descansa sobre gravilla calcárea. Esta es una de las principales características de la obra. La otra es que los dos grandes muros longitudinales de la estación no están revestidos y exhiben su naturaleza aluvial, tratada con resina para evitar desprendimientos. Y aún cabría mencionar una tercera característica distintiva, como es la brecha cenital que introduce luz solar a lo largo de toda la trinchera excavada para construir la estación.
Prescindir de revestimientos en una estación de metro no es una novedad. Jordi Garcés lo hizo en sus estaciones de la Línea 9 en Barcelona. Pero si en este caso emergía con fuerza el elemento infraestructural, en la estación de Jiménez Torrecillas es dominante un cierto componente telúrico, para nada reñido con la ambición del trabajo ingenieril. Acaso porque, al igual que en su domicilio particular –cinco cuevas unidas por un patio en el Albaicín-, Jiménez Torrecillas redondeó en la estación de Alcázar Genil una intervención en la que convive lo ancestral, en toda su crudeza de materiales, con el diseño contemporáneo, depurado y funcional.

(Publicada en "La Vanguardia" el 29 de octubre de 2018)