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Un “Puppy” habitable

21.11.2015 | Crítica de arquitectura

Apartamentos Play-time I y II

Autores: Suma Arquitectura

Ubicación: Madrid. Ciudad Lineal. Calle Fernández Caro, 35 y calle García Quintanilla, 22

 

Suma Arquitectura, el despacho madrileño integrado por los treintañeros Elena Orte y Guillermo Sevillano, parece haber pasado por la crisis de puntillas. En tiempos difíciles, que han sido además los de su irrupción en la escena gremial, han producido proyecto s y obras muy apreciables. Entre las últimas, un bloque de cincuenta pisos en Puente Vallecas, exitoso intento de apartarse de la vivienda colectiva convencional. Lo lograron dando al bloque dos fachadas distintas, ambas espléndidas. En una de ellas reflejan, mediante una singular composición, concebida por ordenador, el peculiar orden de las viviendas, de una o dos alturas, encajadas en lo que los autores definen como una “aldea vertical”. En la otra fachada, recurriendo a discretos tonos grises y dorados, disponen unos corredores de acceso, a modo de calles elevadas, y consiguen una composición elegante y sobria, casi romana, que resulta tan inesperada como reconfortante en su desangelado entorno.

En la producción de Orte y Sevillano cabe destacar también dos pequeños bloques de apartamentos, ahora a punto de terminarse, en la zona madrileña de Ciudad Lineal, apenas separados por un par de manzanas. “El promotor nos dijo que la parcela era una especie de oasis urbano, y nosotros le tomamos la palabra y decidimos potenciar esta idea”, dicen los jóvenes arquitectos. Su métodos para alcanzar tal objetivo fue muy particular: sostener la obra con una estructura metálica exterior, y cubrir dicha estructura con una celosía por la que subirán las plantas trepadoras. “Cuando hayan crecido –añaden- le darán al edificio un aspecto amable, como el de “Puppy”, el perrito del Guggenheim”.

No acaba aquí su afán propositivo. Los pocos apartamentos que integran cada uno de estos dos edificios –siete en uno, cuatro en el otro- desplazan sus plantas respecto al eje vertical común de comunicaciones, logrando un amontonamiento irregular que evoca el New Museum de Sanaa en Nueva York. El propósito no es aquí mimético. Se trata de buscarle las fisuras a la normativa, dotando a cada vivienda de una terraza que se presenta como cubierta del espacio inferior para no computar edificabilidad.

La piel verde dará a ambos edificios de apartamentos un aspecto disonante en un vecindario de arquitecturas muy previsibles. Esto quizás moleste a algunos. Pero es preciso recordar que los autores incorporan aquí unos elementos de investigación y de frescura que dicen mucho en su favor, y que parecen presentes también en sus otros proyectos. Por ejemplo, en el de la futura Biblioteca de Sant Martí de Provençals, en Barcelona, cuyo concurso ganaron con una peculiar estructura de madera, de aliento finlandés, y en cuyo desarrollo están intentando redefinir los usos de este tipo de equipamiento, mediado ya el segundo decenio del siglo XXI.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 21 de noviembre de 2015)