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Sede central de Bloomberg en Londres
Arquitectos: Foster + Partners
Ubicación: Londres. 3, Queen Victoria Street

El pepinillo, el rallador de queso o la lata de jamón son los motes de algunos de los rascacielos construidos en la City de Londres en lo que va de siglo XXI. El distrito financiero, antaño arquitectónicamente caracterizado por la palladiana Mansion House, es ahora también una colección de edificios llamativos de arquitectos estelares.
La última incorporación es la oficina londinense de Bloomberg, la compañía de servicios financieros propiedad del exalcalde de Nueva York Michael Bloomberg, que ha diseñado Norman Foster. Ninguno de los dos priorizó aquí la voluntad icónica. Prefirieron apostar por la eficiencia energética. El edificio consume, según Foster, un 70% menos de agua y un 40% menos de energía que las oficinas tipo. Y, también, acomodarse a las líneas de cornisa del entorno, conformándose con un máximo de diez pisos. Más a su favor: la obra se divide en dos volúmenes interconectados, uno de planta triangular, otro trapezoidal, entre los que se recupera Watling Street, una vía de origen romano, ahora pasaje cubierto. Además, genera en sus esquinas agradables ­espacios públicos, ornados con fuentes de la  española Cristina Iglesias, que el crítico de The Guardian asoció inmisericorde a “pantanos fétidos”. Detalles aparte, esta generosa relación con la ciudad es uno de los aciertos de la obra, mucho mejor que la Bucklesbury House a la que sustituye. 
Al igual que hiciera Richard Rogers en la vecina sede de Lloyds o en The Leadenhall, Foster ha primado las plantas diáfanas, que acogen a 4.000 empleados. Y las ha distinguido con materiales y espacios de primera calidad, entre los que no faltan rampas monumentales, zonas comunitarias, cubículos de trabajo, un techo –casi un firmamento– integrado por 2,5 millones de pétalos de aluminio en el que brillan los leds y otros refinamientos Este edificio mira hacia su interior, para favorecer la atmósfera y las relaciones de trabajo, e incluso para autohomenajearse, porque las vistas hacia el exterior, si bien existentes, son a veces limitadas. Porque los dos rasgos dominantes en el exterior del edificio son las llamadas agallas, unos plafones de bronce que se abren y cierran regulando automáticamente su respiración y se sitúan en medio de sus ventanales; y las gruesas columnas de arenisca que los enmarcan, visualizando la estructura perimetral del edificio. 
Bloomberg ahorró energía en su nueva sede, pero no dinero. Quería exhibir aquí su celo medioambiental y no pestañeó al sufragar maquetas monumentales para probar los mecanismos experimentales de Foster, ni al abonar una factura final de 1.300 millones de libras. Sin duda, dichos mecanismos marcan un futuro para la arquitectura oficinesca. Otra cosa es si podrán permitírselos muchos promotores. La obra ha recibido el premio Stirling 2018, bautizado en honor del arquitecto homónimo, cuya posmodernista, rosada y pétrea edificación en 1, Poultry, al otro lado de la calle, contrasta con esta elegante, responsable y un poco pija obra de Foster. Como apuntó Bloomberg en la inauguración, “algunos dicen que construir este edificio nos ha llevado casi una década porque reunió a un millonario que quería ser arquitecto y a un arquitecto que quiso ser millonario”.

(Publicada en "La Vanguardia" el 9 de diciembre de 2018)