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Un hospital de premio

29.04.2014 | Crítica de arquitectura

La Expo de Sevilla dejó en la isla de la Cartuja algún edificio apreciable. Pero en su conjunto la cosecha arquitectónica de aquel ya lejano 1992 podría ser calificada, piadosamente, de variopinta. Abundan allí los edificios llamativos que, tras la conversión de la isla en parque tecnológico y de oficinas, resultan doblemente estridentes, y que conforman una parte de la ciudad muy distinta de la Sevilla histórica. Otra cosa es el nuevo Instituto Cartuja de Técnicas Avanzadas en Medicina (Ictam), concebido con manifiesta vocación urbana. Así lo atestigua su organización alrededor de una calle central al aire libre, que comunica sus dos fachadas, simplifica los recorridos, ordena los accesos a sus distintas franjas de servicios y ofrece agradables zonas de relación. En suma, un espacio de tránsito que es a la vez público y recogido.

Dicha vocación urbana se conjuga con la expresiva. No estamos hablando de un edificio más, sino de uno de acusado carácter formal. Los arquitectos José Morales y Sara de Giles (MGM) han rematado las plantas con ligeros desplazamientos en voladizo que logran fragmentar y atenuar la notable volumetría del edificio. Esto se hace especialmente visible en la fachada de la calle Leonardo da Vinci, de afortunada composición. Allí sobresalen tres miradores vidriados, grandes y pertinentes –en los hospitales siempre apetece mirar más allá–, que contrastan y al tiempo armonizan con la chapa perforada que reviste la obra. Esta combinación de materiales da un plus de transparencia, brillo y luminosidad a la construcción.

Poco puede decirse por ahora de la funcionalidad de este edificio de más de 14.000 metros cuadrados construidos, equipado con setenta camas en soleadas habitaciones orientadas a sur. Porque si bien fue proyectado en el 2008 y acabado en el 2012, todavía no se ha inaugurado. Ello no ha impedido que mereciera, mediado marzo, el premio de Arquitectura Española 2013, del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España (Cscae), ex aequo con la escuela La Milagrosa de Pereda/Pérez, situada en la plaza Floristán de Pamplona. Si esta última era un ejemplo de cómo hacer ciudad con arquitectura de gran discreción formal, la obra de MGM, siguiendo su tradición de geometrías esenciales pero contundentes, lo es de una arquitectura que también hace ciudad, pero afirmándose sin titubear.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 29 de abril de 2014)