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Coal Drops
Arquitecto: Thomas Heatherwick
Ubicación: Londres. King’s Cross

Thomas Heatherwick fue el autor de la gran obra de la Expo de Shanghai del 2010. Su pabellón nacional para el Reino Unido, una pieza revestida por una piel similar a la de un blanquecino erizo de mar (con las púas recortadas hasta adquirir un volumen casi cúbico), fue la sensación del certamen.
Heatherwick es un diseñador innovador –ahí está su pasarela enrollable en Londres, por poner un ejemplo–, amante de las formas imprevisibles, que con los años ha ido asumiendo proyectos arquitectónicos de ambición superior. El último está en el área de King’s Cross (junto a la estación ferroviaria londinense de St. Pancras), embarcada en la transformación de sus 270.000 metros cuadrados, con 50 nuevos edificios (algunos remarcables como los de Niall McLaughlin o Duggan Morris), y el objetivo último de convertir viejas instalaciones de la revolución industrial en una moderna zona residencial y de servicios.
En este marco, Heatherwick inauguró el pasado 26 de octubre un centro comercial, edificado a partir de dos naves paralelas de ladrillo rojo que en su día fueron depósitos de carbón. El aspecto más notorio de su intervención es un gesto, sin duda llamativo, mediante el cual ha despegado las cubiertas de teja galesa de esas venerables naves y las ha hecho volar, dibujando sendas curvas, hasta encontrarse sobre el patio que las separa. Ahí generan un espacio flotante y vidriado, arquitectónicamente ya terminado, pero que no entrará en servicio hasta el 2019.
El trabajo ha requerido un alarde estructural, mediante 104 pilotes ocultos en los viejos edificios que sostienen, junto a unos arcos superiores, esta arquitectura en voladizo, que añade 2.000 metros cuadrados para tiendas y restaurantes a los ya disponibles en las construcciones de ladrillo. Se trata, ante todo, de un gesto formal cuyo objetivo es dar una imagen de marca a la nueva instalación y, por tanto, puede calificarse de caprichoso. 
Dicho esto, la obra no carece de interés. La articulación de sus tres niveles, mediante balconadas y pasarelas, invita al paseo y el encuentro. Los elementos nuevos –escaleras, barandillas, etcétera– armonizan con los históricos. La atmósfera dickensiana en las viejas fachadas exteriores ha sido hábilmente preservada y potenciada. Los retoques en las naves han sido delicadamente documentados mediante dibujos en los pavimentos del patio central. Y, en suma, la conversión de una ruina industrial, semidestruida en su día por un incendio, en una zona comercial se ha llevado a cabo con esmero, aprovechando e integrando los recursos del pasado con los del presente.

(Publicada en "La Vanguardia" el 28 de noviembre de 2018)