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Stgilat Aiguablava
Arquitectos: Enric Ruiz-Geli / Cloud 9
Ubicación: Falugues, 8. Aiguablava. Begur (Girona)

Enric Ruiz-Geli es un arquitecto de vocación innovadora y estelar. Ante un encargo no se limita a dar respuesta al programa siguiendo los criterios de excelencia al uso. Prefiere aprovechar la ocasión para experimentar, repensar la disciplina y contarlo. Lo vimos en el Media-TIC (2010), su obra más relevante hasta la fecha, un edificio de oficinas en Poble Nou con alarde estructural y afán de manifiesto verde. Y lo veremos en la sede de la Fundació ­elBulli, que ha proyectado como un paradigma de la arquitectura de las partículas en Cala Montjoi.
Entre tanto, ha terminado en Aiguablava una vivienda familiar que aspira a combinar la integración en el medio ambiente con la tecnología de última generación y la eficiencia energética, la investigación constructiva y la reinvención de recursos arquitectónicos tradicionales. Situada en la falda de las montañas de Begur que descienden hacia Aiguablava, con espléndidas vistas sobre el Mediterráneo, esta casa tiene poco que ver con las que la ro­dean: lujosas segundas residencias con tejados de dudoso aire autóctono; o de inspiración moderna y volúmenes ­rectilíneos.
La villa Stgilat diseñada por Ruiz-Geli y su despacho Cloud 9 es otra cosa. Dos de sus cuerpos –uno, espléndido; el otro, sucinto– han sido definidos a partir de sendas y singulares bóvedas de hormigón de suaves, redondeadas y caprichosas formas, con alma de fibra de vidrio y revestimientos creados por el ceramista Toni Cumella, de tonos verdosos en el exterior y terrosos en el interior. El tercer cuerpo es un invento, una retícula de hormigón y fibra de resina inspirada en la estructura de una piña. Este pabellón experimental es de uso todavía indeterminado, pero junto a los otros edificios ya da pie al autor para evocar, al describirlos, a los Eames, a Neutra y a sus case study. En él ha colaborado el Art Center College of Design Pasadena. Y en las obras, una empresa de La Bisbal.
Las hechuras y los colores de estas construcciones, así como la flora autóctona que las rodea, tienen por objeto mimetizar la arquitectura con el terreno, cosa posible… hasta cierto punto, porque las formas de dicha arquitectura, siendo amables, son peculiares. En el interior de la edificación principal, bajo una reinterpretación afortunada de la volta catalana, los enormes ventanales de media luna enmarcan espectaculares paisajes. Están recortados para encajar con las colinas vecinas. Como Coderch en la casa Ugalde, Ruiz-Geli ha dispuesto esos ventanales en función de las vistas, hasta convertirlos en un escenario doméstico en el que actúa el paisaje.
El espacio central de esta edificación, que se asienta en el terreno sobre tres setas de hormigón, minimizando el impacto medioambiental, es impresionante. Pero como en tantos interiores de traza curva, la adecuación del mobiliario no resulta nada fácil.

(Publicada en "La Vanguardia" el 4 de marzo de 2019)