Tres libros breves

01.02.2015 | Opinión

He leído tres libros breves, fechados todos ellos en el 2015: los de Milena Busquets, Édouard Louis y David Trueba. Son tres relatos que coinciden, además de en la brevedad, en la inspiración autobiográfica, a veces muy pegada a la realidad, otras más difusa. Y, también, en la habilidad de sus autores para proponernos imágenes ingeniosas, poéticas, humorísticas o aterradoras.

De “También esto pasará”, el libro de Busquets, se ha hablado ya mucho, tanto por su fulgurante éxito en la última Feria de Frankfurt como por sus traducciones a treinta idiomas y por los jugosos contratos que han deparado a la autora. Pero lo principal es que Busquets ha sabido trufar esta muy personal, fresca y equilibrada aproximación al eterno combate de Eros y Tanatos con conceptos e imágenes que invitan al subrayado. Por ejemplo, la consideración del propio cuerpo como un parque de atracciones (y no un templo), que sintetiza en pocas palabras la pulsión vital de la protagonista. O la del mar refulgente de principios de verano, ese escenario mítico, en el que según Busquets parecen haber caído todas las estrellas que la noche anterior brillaban en el firmamento.

En un entorno muy distinto al idílico Cadaqués de Busquets, concretamente en la sociedad post industrial, pobre, ignorante y zafia de la Picardía del último cambio de siglo, sitúa Édouard Louis su “Para acabar con Eddy Bellegueule”. Aquí no hay paseos en barca, copas de vino blanco muy frío ni flirteos recreativos, sino una casa ruinosa, un colegio hostil y una familia numerosa con adicciones al alcohol o la televisión, ámbitos en los que un adolescente homosexual sobrevive a trompicones. El relato resultante es terrorífico. Pero Louis lo sirve con precisión fotográfica y una sucesión de pasajes escalofriantes, como el de su madre rememorando un aborto inesperado en el retrete, con feto y escobilla incluidos.

En “Blitz”, el novelista y director de cine David Trueba nos brinda una historia de amor, desamor y humanidad en la que quizás podrán reconocerse muchos de esos jóvenes españoles a los que la formación universitaria no ha librado de la precariedad. La narración, como en los casos anteriores, está llevada con voz propia y naturalidad, que son pilares de su atractivo. Está pespunteada por giros humorísticos, que no incitan a la carcajada, sino a la sonrisa, a menudo con un deje de tristeza o fatalismo. Y evidencia una afinada capacidad para el retrato. Por ejemplo, cuando de pasada describe a Mariano Rajoy refiriéndose a “su ausencia de personalidad, idéntica al muñeco abandonado del ventrílocuo”. ¡Enorme precisión la de Trueba!, me dije tras leer esta calificación. ¿Quien será el ventrílocuo?, me pregunté.

En suma, tres libros breves hilvanados con voz singular, que logran aproximarnos a diversas experiencias vitales con naturalidad: tres libros recomendables que se leen de una sentada.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 1 de febrero de 2015)