Todo por la familia

06.07.2014 | Opinión

Uno de los últimos episodios edificantes del curso político ha tenido por escenario el Tribunal de Cuentas. En dicho organismo, cuya finalidad es fiscalizar el gasto de los partidos políticos y las entidades públicas, se ha detectado una tupida red de lazos de parentesco entre sus empleados. Empezando por el presidente de este tribunal, que tiene en plantilla a una concuñada y un sobrino. Y siguiendo por otros cargos, como un expresidente del comité de empresa por la UGT, con exesposa, hija de esta, hijo propio, segunda esposa, nuera, cuñada, dos sobrinos y un amigo personal en la nómina de la institución. A veces, estos familiares llevan apellidos discretos y desempeñan labores subalternas (portero, limpiadora,mozo de almacén, etcétera). Pero a veces cobran como consejeros de la entidad y, entonces, suelen proceder de familias más notables, y ser esposas o hermanas o hermanos de exministros o, incluso, de un expresidente del Gobierno como Aznar. Quizás hasta ahora todo ello no haya llamado mucho la atención porque, como se dice coloquialmente, estas cosas pasan en las mejores familias.

¡Ah, la familia! ¡Qué gran institución! Son tan fuertes los vínculos que las unen que todo parece valer para defenderslas. Por los familiares se da la cara, se arriesga el patrimonio y se mete uno en líos. Por la familia se asume cualquier riesgo y se entra en guerras de incierto final. Por un familiar, alguna pensadora de la telebasura está dispuesta a matar, según proclama y repite cada vez que le dejan. Vamos, que estamos casi todos al servicio de la familia. No en balde servicio y familia son conceptos etimológicamente unidos, puesto que el segundo denominaba en latín “al conjunto de esclavos y criados de una persona”, y derivaba drl primero, “famulus” (sirviente, esclavo).

¿Quiere eso decir que cualquier conducta, por el mero hecho de producirse a favor de la familia, ya es de recibo?. Pues no.Quyien recurre al neotismo y al enchufismo para favorecer a un familiar, a sabiendas de que margina a candidatos mejores, perjudica a esa gran familia que es la sociedad. Y no digamos si, en lugar de enchufar a un familiar, le toma gusto al procedimiento y e dedica a enchufar a varios. Cierto es que en España hay una potente tradición en esta línea. Algunas de las grandes empresas nacionales, como Telefónica o Renfe, acogieron en su día a hijos y parientes de sus trabajadores en grandes cantidades. Y políticos como el liberal Natalio Rivas pasaron a la historia por su tendencia a colocar a todo bicho viviente en la administración pública -”Natalio, colócanos a tós”, le gritaron en un mitin-, como si fuera una entidad de beneficencia…

Todas estas políticas deberían erradicarse cuanto antes. Ya no queremos familiarizarnos con ellas en ningún ámbito. Y menos aún en aquellas entidades cuya finalidad ejemplarizante es fiscalizar la conducta de otras.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 6 de julio de 2014)