Tiempo de sucedáneos

26.10.2014 | Opinión

Todo será nuevo, distinto y mejor en la Catalunya independiente. Eso es lo que proclaman sus propagandistas. Si hubiera garantías de que están en lo cierto, quizás me tendrían entre ellos. Pero no las hay. Y no veo en su actitud ni en sus propuestas atractivos irresistibles. Veo, eso sí, mucha determinación, mucha “agit-prop” y una urgencia histórica peligrosa, capaz de desestabilizar emocionalmente a un tipo macizo como Junqueras. Pero nada de eso parece anunciar un futuro nuevo, distinto o mejor. Como tampoco lo aseguran las novedades que el proceso genera en el área lingüística, por más que ahí sí hay algunas.

El president Mas, con su florido ramillete de metáforas, marcha al frente de esta aparente primavera idiomática. Es tanta su afición a la imagen didáctica, apta para párvulos, que ya ha merecido glosas y recopilaciones, como la publicada el pasado domingo en este diario. En cambio, otros productores de nuevos términos –me atrevo a decir incluso de nuevos conceptos– han obtenido menor reconocimiento, pese a su verbo caudaloso, a lo mucho que se escuchan y a su invasiva relación con los medios.

Entre estos últimos destaca el portavoz del Govern, cuya omnipresencia es ya un poco estomagante. Casi no hay día sin rueda de prensa del conseller y portavoz Francesc Homs. Ni día en que no conceda entrevistas a radios, televisiones o diarios. Ni día en que, tras cumplir con esos deberes, no telefonee a varios periodistas para tratar de orientarles. Es sorprendente lo mucho que Homs habla. Incluso cuando no tiene mucho que decir, que es precisamente cuando más se crece e innova. Por ejemplo, a principios de esta semana, cuando se sucedieron desencuentros entre formaciones soberanistas, que un periodista objetivo y algo guasón hubiera podido resumir en este titular: “Cruce de reproches entre los partidarios de la unidad”. ¿Fue esa la descripción de la coyuntura efectuada por Homs? Pues no. Lo que Homs anunció el lunes, cuando retumbaban los portazos, fue un “preacuerdo para restablecer la unidad técnica” entre dichas fuerzas. Dijo preacuerdo donde hubiera querido decir acuerdo. Y dijo unidad técnica cuando hubiera preferido decir, tan solo, unidad. Supongo que se refería así a un sucedáneo de unidad. Del mismo modo que la consulta del 9-N ha dejado paso, debido a las trabas de Madrid, a un sucedáneo de consulta. De modo que yo me pregunto: ¿conducirá este rosario de sucedáneos a un sucedáneo de independencia, tipo pacto fiscal? A los soberanistas esto les decepcionaría, pero la tendencia al sucedáneo se está imponiendo. Para el resto tendría una ventaja: no sería algo ilusorio, sino concreto. En fin. Sólo el tiempo nos dirá lo que va a pasar. Y es probable que lo diga con mayor precisión que Homs, un portavoz que, en sintonía con los tiempos que corren, se comporta como si también él fuera un sucedáneo, esta vez del president Mas.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 26 de octubre de 2014)