Tiempo agotado

02.11.2014 | Opinión

Hace un par de meses vi en la prensa madrileña un anuncio ilustrado con la foto del radiofonista Federico Jiménez Losantos. El lema de dicho anuncio –Si lo buscas lo encuentras– me sugirió dos cosas. Una: que Losantos ha cambiado a menudo de paraguas mediático –la Cope, Libertad Digital, esRadio…– y quizás ha perdido a algún oyente por el camino, al que ahora trataría de recobrar. Dos: que por mucho que cambie de frecuencia, Losantos sigue fiel a su estilo pendenciero, plagado de descalificaciones e insultos, acaso porque considera que ese es su mejor activo profesional o, al menos, el que le distingue.

A la hora de describir sus medios, Losantos recurre sin sonrojarse al adjetivo “independiente”. Pero esta semana han venido a desmentirle investigaciones judiciales que le señalan como receptor de dineros de la caja B del Partido Popular, por gentileza del que fuera su secretario general, Ángel Acebes, imputado por esta causa. Un Acebes que la ciudadanía recordará por su papelón tras los atentados del 11-M, cuando siendo ministro del Interior de Aznar se empeñó en persuadirnos de que la autoría correspondía a ETA y no al fundamentalismo islamista… Todo lo que logró con eso fue que su partido perdiera, dos días después, las elecciones. Por mentiroso.

En su declaración ante el juez, Acebes afirmó el martes que él ignoraba la existencia de la caja B popular. Y se quedó tan ancho. La impresión que ello causó en muchos españoles es que Acebes, como Losantos, sigue fiel a su estilo. Ahora bien, horas después de que Acebes se pronunciara, Mariano Rajoy pidió disculpas a los españoles por la corrupción que mancha tantas actividades de su partido, ya sean obras en su sede central o comisiones ilegales en la adjudicación de obras públicas, ya sea el tomate de su tesorería o el montaje de sus campañas.

A propósito de Rajoy, me dije que no pide disculpas quien no reconoce como propia alguna culpa. Y que lo lógico hubiera sido presentar, tras las disculpas, medidas para erradicar la corrupción. Unas medidas que Rajoy promete de antiguo, pero que no llega a concretar, pese a no tener mejor opción y a que demasiados cargos públicos siguen robando.

Hubo un tiempo en que la alianza con radiofonistas supuestamente independientes, pero engrasados con dineros de partido, e incluso con la bendición episcopal, contribuía a la estabilidad de administraciones parasitadas por la corrupción. Pero ese tiempo, por fortuna, se está agotando. A la vez que se agota –¡ay!– el crédito del actual sistema democrático. Muchos de los que han participado o participan en ese juego no se enteran, y siguen insultando o faltando a la verdad o, a lo sumo, ofreciendo vagas disculpas. Sin embargo, está clarísimo: si no se toman medidas regeneradoras de inmediato, ese tiempo estará pronto totalmente agotado. Y quizás sea sustituido por otro populista y menos libre.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 2 de noviembre de 2014)