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Sobre una línea quebrada

23.03.2013 | Crítica de arquitectura

Casa Bitxo
Arquitectos: Lagula
Ubicación: Avià (Barcelona)


Para apreciar el interés de esta casa hay que fijarse bien en ella y en las cuatro que la rodean, asentadas todas en un paisaje suave y ondulante de Avià, junto a Berga, a los pies de la sierra de Queralt. Una de las cuatro tiene aire de masía; otra, de chalet alpino; y dos más presentan ecos muy lejanos de las “Prairie houses” de Frank Lloyd Wright. En esta previsible compañía, los arquitectos de Lagula –colectivo integrado en el 2001 por cinco jóvenes profesionales– han levantado una casa imprevisible. A primera vista, un capricho formal. Sin embargo, esta obra es fruto del detenido estudio de la parcela, de la apreciación de una línea quebrada que dibuja en ella un sendero natural, y de la construcción sobre dicha línea de una estructura de hormigón y una celosía de ladrillo que subraya esa traza original y acaba vertebrando toda la construcción.

La Casa Bitxo, aunque terminada el año pasado, es la primera obra concebida por Lagula, un despacho que entiende la arquitectura como un ejercicio geométrico que genera espacios. Y, como tal, tiene algo de manifiesto. No responde a la tipología tradicional, no encara su fachada principal con la calle (sitúa una lateral), tiene cubierta a una sola agua y pese a usar materiales convencionales les da un aire infrecuente.

Por encontrarle algún aire de familia, diremos que podría haber estado entre los seleccionados del pabellón catalán de la última Bienal de Venecia, puesto que como los nueve proyectos allí seleccionados, aporta un trabajo con las texturas que permiten los materiales más sencillos. A partir del muro celosía, uno podría esperar una distribución tortuosa. No es el caso. Desde la entrada, la circulación describe con naturalidad una línea espiral, en suave rampa, con algún tramo de escalones. La cubierta a una sola agua genera holgados espacios a dos alturas para las zonas comunes, y otros a una altura para las zonas privadas. El severo hormigón se combina en el interior con cerámicas de colores vivos –quizás demasiado vivos–, y enormes ventanales. Estamos ante una contundente declaración de principios. Contundente y, a su manera, refrescante, por lo que tiene de voz propia, soltura y desinhibida.

Foto de Adrià Goula

(Publicada en “La Vanguardia” el 23 de marzo de 2013)