Sisa al desnudo

15.03.2015 | Opinión

“Sisa al desnudo” no es un buen título. Me doy cuenta nada más escribirlo. Sisa no es Brad Pitt. Es un tipo feúcho, desgarbado, cegato. ¿Quién quiere verlo desnudo o leer un artículo que lo anuncia en cueros? Quizás ni él, que ahora prefiere presentarse muy aseado, luciendo uno de sus smokings de fantasía, tocado con un canotier. Atrás quedan aquellas farras que arrancaban en Zeleste y podían acabar a las siete de la mañana desayunando croissant con cerveza en un bar obrero del Paralelo, con el pelo y la indumentaria revueltos tras un accidentado rally dipsómano. O -si se daba la coincidencia horaria-, en una misa de mosén Flavià.

“Sisa al desnudo” quizás no sea pues un título atractivo. Pero sí es un título preciso. Porque un Sisa al desnudo es exactamente lo que nos ofrece “El comptador d’estrelles”, el estupendo libro de conversaciones con el cantautor galáctico que firma Donat Putx, del que hablaré aquí.

Cuando uno piensa en cantautores catalanes, uno piensa en Raimon, en Serrat, en Llach, en Sisa. En Raimon, como el grito comprometido y culto; en Serrat, como un excelente poeta popular mediterráneo; en Llach, como un dolor. Y en Sisa como un heterodoxo con raíces en el misticismo luliano y ramas que apuntan a la contracultura, el anarquismo o el mundo de los heterónimos pessoanos.

Sisa es, pues, un tipo complejo. Pero en este libro se muestra transparente, sincero e independiente, ajeno a los velos y componendas al uso. Los libros de conversaciones pueden ser un engañoso despliegue de plumas de pavo real. Este no lo es. Porque Donat Putx lo conduce con conocimiento y garbo, y porque Sisa expone sin tapujos ni ostentación su singular universo intelectual y artístico. Así nos enteramos de que la carrera de Sisa ha progresado contra todo tipo de dificultades: nació en la misma calle que Serrat, pero no era tan guapo ni cantaba canciones tan comprensibles como él; no era bien recibido en un Grup de Folk orientado con fines políticos o religiosos; le prohibieron cantar en Canet Rock… Y, sin embargo, popularizó su mundo galáctico, ganó aprecio popular, también algún dinero, y se reinventó siempre que su ciclo creativo se agotó.

Sisa va desgranando sus episodios vitales y creativos con profundidad, humor y franqueza. No le importa admitir que es un poco amarrete, ni unos vínculos con su madre de alto voltaje edípico, ni esconde su inclinación a la emotividad y la melancolía. No duda en expresarse de modo crítico ante el indesmayable proceso soberanista –es esclarecedora su teoría sobre lo que es un país auténticamente libre– ni al denunciar los agujeros negros de la revolución digital, ni al abordar el feminismo orillando la corrección política. Página a página, Sisa se nos presenta al desnudo. Y es así como redescubrimos, tras el feúcho, el desgarbado y el cegato, al hombre libre, al tipo entrañable, al investigador artístico ejemplar. ¡Lectura recomendable!

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 15 de marzo de 2015)