Marjorie Taylor Greene ha respaldado la teoría según la cual Hillary Clinton torturó a una jovencita, cortó su piel a tiras, se confeccionó una máscara con ella y se bebió su sangre en un ritual satánico. Ha escrito que algunos de los crímenes masivos cometidos en EE.UU. –por ejemplo, el del concierto de country de Las Vegas en el que en el 2017 fueron asesinadas 59 personas– era parte de un plan gubernamental para abolir la segunda enmienda de la Constitución. Y ha sugerido que el peor incendio forestal de California –el Camp Fire, en 2018– tenía que ver con el deseo del gobernador demócrata Jerry Brown de construir un AVE y con unos rayos láser proyectados por judíos (pese a que los bomberos lo atribuyeron a la red eléctrica).
La republicana Taylor Greene es una figura emergente de la ultraderecha de EE.UU.. Hasta aquí, nada raro: siempre hubo locos, mentirosos y muñidores de las teorías conspirativas. Lo raro es que en las elecciones del 2020 obtuvo un escaño por Georgia en el Congreso. Que al día siguiente de que Joe Biden asumiera la presidencia, inició trámites para su impeachment, porque, a su entender, en 24 horas había dado muestras de contumaz abuso de poder. Y que la Cámara de Representantes le diera un cargo en su Comité de Educación (luego retirado).
Después de Trump y sus 30.000 mentiras o afirmaciones engañosas quizás ya nada debiera sorprendernos. Pero Taylor Greene miente tanto que incluso ha incomodado a los suyos. Mitch McConnell, líder republicano en el Senado, se ha referido esta semana a ella al decir que “las mentiras chifladas y las teorías conspirativas son un cáncer para nuestro partido y en nuestro país”. Entre tanto, algunos congresistas demócratas quieren echarla de la Cámara.
¿Estamos ante un ataque a la libertad de expresión? Más bien estamos ante una lucha necesaria contra la normalización de la mentira y por la dignidad de las instituciones. Séneca nos dijo que el tiempo siempre acaba revelando la verdad. Pero no hay motivo para tolerar ni un día más la mentira grosera e interesada de Taylor Greene, genuino veneno en un país hiperconectado y, paradójicamente, crédulo y desinformado. Verbigracia: una de las webs preferidas por Taylor Greene para difundir sus trolas se llama American Truth Seekers (Buscadores de la verdad americanos).
Las prioridades del presidente Biden son muchas, empezando por la pandemia, la economía, la igualdad o la crisis climática. Pero la restauración de la verdad también urge. Sin respeto a la verdad no hay entendimiento social ni es posible el fair play. Los demócratas lo saben. También los republicanos. A estos corresponde, si quieren ayudar a su país –y salvar a su partido de la insania–, liderar la lucha contra la mentira que opera en sus filas y corroe su ética. Y no parar hasta erradicarla o desprestigiarla.

(Publicado en "La Vanguardia" el 7 de febrero de 2021)