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Qué tiempos aquellos

21.11.2014 | Crítica de arquitectura

Hospital de Olot

Arquitecto: Ramon Sanabria, Lídia Planas, AiS SL

Ubicación: Av Països Catalans, 86. Olot

 

Hace nueve años, cuando se proyectó este hospital, todavía se encargaban aquí grandes obras públicas. Ahora, que es cuando se ha inaugurado (el pasado lunes), ya no existen encargos similares. Quizás por ello sorprende doblemente el generoso planteamiento espacial de este hospital de Olot y Comarca de la Garrotxa, con más de 200 metros de longitud y cerca de 28.000 metros cuadrados, su gran vestíbulo exterior e interior, o sus amplios pasillos.

Ramon Sanabria recuerda precisamente que una de sus preocupaciones fue minimizar el impacto de esta gran masa hospitalaria en el bello paraje natural –la salida de Olot en dirección a Riudaura– en el que se asienta. De ahí que conservara un bosquecillo para tapar la mitad de la fachada principal, pese a que sólo muestra uno de sus tres niveles (los otros dos están por debajo, aprovechando la pendiente del solar), y que fragmentara la fachada trasera en cuatro volúmenes para habitaciones; o que abra panorámicos ventanales al verde circundante y entradas de luz cenital, que fomentan aún más la sensación de holgura espacial.

Sanabria indica que, con frecuencia, los médicos tienen mucha más voz que los enfermos en la concepción de los hospitales. En buena medida es lógico que así sea. Pero ya lo es menos que las apetencias de los pacientes se releguen. No es el caso de este centro de Olot. El arquitecto ha dividido el equipamiento en distintos ámbitos que pueden llevar vidas prácticamente independientes. Ha elegido una paleta de materiales muy sobria –hormigón, vidrio, aluminio…–, con la que crea una atmósfera serena, entre el blanco y el gris oscuro, sin estridencias cromáticas. Ha situado las salas de descanso de los visitantes frente a vistas sedantes. Y se ha puesto incluso en la piel de los enfermos que son trasladados en camilla, brindándoles techos limpios de instalaciones, donde las ranuras por las que se canaliza la climatización parecen meras junturas, los altavoces son minúsculos, casi invisibles, y las luces siguen un ritmo constante y discreto. En las habitaciones se abren ventanas verticales, en contra de las habituales en horizontal, dotadas con screen y contraventana, para que el enfermo pueda matizar la iluminación a su gusto. Todo parece pensado para que el tránsito por este hospital –encargado e ideado en época de vacas gordas– no produzca en enfermos y familiares agobios suplementarios. Qué tiempos aquellos.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 21 de noviembre de 2014)