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Vivienda en una nave industrial
Arquitectos: Jonathan Arnabat, Jordi Ayala-Bril, Aitor Fuentes, Igor Urdampilleta (Arquitectura-G)
.En esta antigua nave industrial convertida en vivienda cabría (sin alas) un Airbus A380-700 de 480 plazas. Pero Arquitectura-G recibió el encargo de transformarlo en vivienda y estudio para una única persona. El problema habitual –optimizar un espacio reducido, sacar metros de donde no sobran– fue aquí el contrario: dar escala doméstica a un espacio de 70 x 10 metros. Y, más difícil aún, con un único dormitorio y un único baño.
No es este un programa habitual. Pero, como cualquier otro, se puede resolver mejor o peor. Los cuatro miembros de Arquitectura-G –que en sus diez años juntos han construido y rehabilitado viviendas unifamiliares, y en el 2015 ganaron el Mies Van der Rohe emergente por su Casa Luz en Cilleros (Cáceres)– han tratado, claro, de hacerlo lo mejor posible.
La primera decisión para dominar y distribuir esta gran superficie fue dar un ritmo decreciente a los espacios. Más generosos, para el estudio, junto a la entrada; y progresivamente más constreñidos –es un decir–, según se va hacia la sala de estar (quizás el ámbito más desangelado), el comedor, la cocina, el dormitorio y el baño. En esta última estancia, las aguas van sobre un podio escalonado, con lo que la constricción se logra en planta y en sección.
La segunda decisión fue practicar dos grandes muescas en esta nave. Una, mediante un diedro vidriado, que separa el estudio del resto, introduce luz natural y genera un comedor exterior. La otra, rectangular, también vidriada, aporta verdor y separa la cocina de la zona más privada. Huelga decir que una decisión que, como la de las muescas, produce varios efectos positivos es una buena decisión.
No hay tabiques en esta casa. Las separaciones de áreas se definen con varios diedros de DM que no llegan al techo y ocultan la despensa, la sala de máquinas, el vestidor, el dormitorio, el baño y el inodoro; y que están colocados de tal modo que impiden las visuales directas ahí donde no deben producirse. También se logran dichas separaciones con muebles continuos hechos con el citado  material. El gran espacio está presente en cada rincón de la casa, pero todos proclaman su función específica. Otra buena señal.
Al entrar en el casa, junto a la puerta, hay un patinete. Pero el cliente sostiene que la vivienda hecha por Arquitectura-G es acogedora. En suma, un encargo atípico resuelto a satisfacción.

(Publicada en "La Vanguardia" el 17 de febrero de 2018)

Foto de José Hevia