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Periodista orquesta

03.02.2013 | Y más

En memoria de Agustí Fancelli Pardo (1957-2013)

Si llamamos hombre orquesta a aquel que toca todos los instrumentos, bien podríamos denominar periodista orquesta a quien cultiva con brillantez los diversos géneros periodísticos y se interesa por todos –o casi todos– los temas. He aquí una definición adecuada, en más de un sentido, para el periodista barcelonés Agustí Fancelli Pardo, fallecido ayer por la mañana en el Hospital Clínic, a los 55 años, víctima del cáncer.

Licenciado en Periodismo en Barcelona, Fancelli cursó estudios de musicología en la ciudad italiana de Bolonia. Allí consolidó su italofilia –era bisnieto de italiano–, que a la vuelta de los años combinaría con una no menos intensa francofilia. Aquella formación musical fue la que le abrió las puertas del diario “El País”, donde ha ejercido como crítico de música y ópera durante un cuarto de siglo largo, aportando frescura y erudición al género. En “El País” ha desarrollado Fancelli su carrera profesional, escribiendo también con regularidad sobre política –su epígrafe “Paté de campaña” fue un clásico de las contiendas electorales catalanas–, debates culturales, acontecimientos deportivos, las sucesivas transformaciones de Barcelona, etcétera. Es decir, escribiendo desde Bayreuth, Salzburgo, la Scala de Milán o el Liceu de Barcelona. Sobre los tres tenores, la Caballé o Alicia Larrocha. Pero también sobre personajes “bigger than life” como el cocinero Ferran Adrià o el pianista Carles Santos, con los que sentía particular empatía. Y sobre asuntos tan dispares como el Tour de Francia, Tintín, el Fórum de las Culturas o el Born y la nonata Biblioteca Provincial de Barcelona.

Vitalista, afable, apasionado, socarrón y defensor inflexible del papel crítico que debe desempeñar el periodista, Fancelli supo impregnar con estos rasgos de carácter sus textos, que con frecuencia fueron prontas informaciones u opiniones sobre temas que al poco emergerían como materia de comentario social generalizado.

Además de una firma apreciada, Fancelli fue también responsable de las secciones de Cultura y de Opinión de “El País”, animador de su “Quadern” en lengua catalana y, durante años, un esforzado factótum de la edición barcelonesa del rotativo. En sus horas libres gustaba de un escenario antipódico al de la redacción estresada: el apacible canal del Midi, sombreado por plátanos monumentales, que surcaba al timón de su “péniche”, una gabarra holandesa casi centenaria, lenta, pesada y de difícil gobierno. Los trabajos periodísticos le valieron a Fancelli premios en la escena local, como el Ciutat de Barcelona de periodismo, que concede el ayuntamiento de la capital catalana, y también de ámbito continental, como el Napoli Parlamento Europeo. Pero quizás el premio que más apreciaba eran esas horas de navegación fluvial entre esclusa y esclusa; a menudo con un libro de Simenon a mano, una copa de “calva”, una canción de Brassens o de Brel en el aire y la compañía de sus familiares y amigos, que, desde ayer, echamos ya en falta su calor, sus espontáneas carcajadas, su contagiosa pasión vital.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 3 de febrero de 2013)

Foto Agustí Carbonell