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Residencial Lagasca 99

Arquitecto: Rafael de La-Hoz

Ubicación: Madrid. Lagasca, 99

Antes de empezar a escribir, uno se pregunta si es políticamente correcto hacerlo sobre viviendas unifamiliares que miden entre 270 y 570 metros cuadrados y pueden rondar los diez millones de euros. Respuesta: no lo sé. Lo que sí sé es que los edificios de viviendas para los muy ricos, aunque sólo ellos los disfruten, afectan a la ciudad. También, que son una tipología arquitectónica con demanda creciente en tiempos de desigualdad, razón por la que conviene estar atentos a su evolución. En Nueva York se ubican a veces en nuevas y llamativas torres filiformes, donde un ático puede costar más de cien millones. Pese a estos precios astronómicos, suelen ocuparse sólo una parte del año. O nunca, porque son meras inversiones. Eso es lo más triste: verlas sin vida ni luz.
Como en Nueva York, esta tipología se da también en Londres. O en París. O en Madrid, donde ha empezado a ocuparse el bloque Lagasca 99, obra de Rafael de La-Hoz. Este es un edificio a cuatro vientos, dividido en 44 viviendas, que ocupa una manzana longitudinal del barrio de Salamanca, dos esquinas por encima del espléndido edificio Girasol de Coderch.
Poco puede decirse de los interiores de esta obra, salvo que podrían ser diáfanos alrededor de un núcleo central. O que tienen en planta baja un hall excesivo (más de 600 metros cuadrados); en la subterránea, gimnasio y piscina, y en la superior, vistas sobre todo Madrid.
La labor del arquitecto se ha centrado en la fachada, de 90 metros de longitud, con el propósito de darle una escala ciudadana, pese a su dimensión muy superior a la de los edificios colindantes, y, claro, de reflejar el estatus de esta promoción.
Inspirándose libremente en las galerías vidriadas de la zona, también en los ritmos de ventanas y oquedades de edificios vecinos, La-Hoz ha compuesto una fachada abstracta, de cadencia irregular, con carácter. En su piel se alternan tres materiales: el vidrio, que marca las zonas de estar; la piedra (dormitorios) y la madera (servicios). De piedra o de madera son las lamas de casi tres metros de alto que junto a los cubos de vidrio organizan esta fachada. Cada lama de piedra de travertino almeriense pesa 2,7 toneladas (y hay 310, sumando 837 toneladas). Todas ellas protegen del sol, favorecen la intimidad de los residentes y dan un empaque casi romano al edificio: ya no suele usarse la piedra de modo tan espléndido y suntuario. Una segunda piel de vidrio traslúcido asegura, tras este despliegue de materiales, el confort interior.
He aquí una promoción singular por su tamaño, precios y moradores, la mitad potentados latinoamericanos. También porque, pese a ello, se inserta en la trama urbana sin violentarla especialmente ni renunciar a su condición ni a su personalidad.
Este edificio es un reflejo de la desigualdad social, como lo puede ser un poblado de chabolas. Pero se acomoda bien en su barrio y lo renueva arquitectónicamente.

(Publicada en "La Vanguardia" el 6 de diciembre de 2019)

Foto de Alfonso Quiroga