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El Ayuntamiento de Barcelona impulsa una red de centros dedicados a divulgar la tecnología y la ciencia de la fabricación digital, abiertos a todos. Funcionan ya los de Nou Barris, la Barceloneta y Les Corts. Y para febrero o marzo está prevista la apertura del Ateneu de Fabricació de Gràcia, en una nave industrial del 1910, que antes acogió una fábrica de galletas o una empresa de artes gráficas, y que ahora albergará talleres con tecnología de última generación.
Esta nave es la clásica construcción con techo a dos aguas sostenido por cerchas de madera, cuya adecuación al nuevo uso ha corrido a cargo del estudio barcelonés de los hermanos Oliveras Boix. Su planteamiento ha sido simple: sanear la estructura original, dar transparencia a parte de la cubierta para ganar luz (y a la fachada para ganar visibilidad en el barrio), favorecer la ventilación cruzada y tratar de preservar la unidad del espacio interior. Para esto último, en lugar de compartimentar los cerca de 400 metros cuadrados de superficie útil, los autores han alineado una serie de casitas –de contrachapado y vidrio, techo también a dos aguas y fachada transparente–, a lado y lado de una calle central que favorece las visuales longitudinales y la circulación, dando a la planta un aire de calle de barrio. En cada una de las casitas, acústicamente aisladas, se ubican distintas máquinas, también espacios para cursillos o administrativos, y creando una atmósfera amable y ordenada. Incluso cute; o sea, cuqui.
Los Oliveras Boix terminaron a principios de siglo su formación, durante la que tuvieron como figuras de referencia a estrellas de la arquitectura que construían obras de nueva planta y espectaculares hechuras. La realidad –marcada por la crisis y el reto medioambiental– fue con ellos menos generosa y laxa. Se han visto abocados a las obras de reforma y rehabilitación del patrimonio ya construido. Sin querer encasillarse, “lo nuestro hasta ahora ha sido construir dentro de cáscaras preexistentes”, admite Núria Oliveras. Y hay que decir que han brillado en esta esforzada tipología. Lo hicieron en la transformación de la nave de Alchemika, obra de Mitjans, en un conjunto de equipamientos. Lo hicieron en la renovación de la biblioteca de Nou Barris. Y vuelven a hacerlo en este ateneo, en una intervención aparentemente sencilla, pero donde todos los elementos están bien colocados, los espacios –en anchura y en altura– son generosos, y el encaje entre la vieja atmósfera industrial y las nuevas tecnologías, siendo fruto de un cuidadoso estudio, parece natural.

(Publicada en "La Vanguardia" el 28 de enero de 2020)