No puedo más. Estas tres palabras sintetizaron el adiós a la política de Elsa Artadi, el viernes 6 de marzo, solo tres meses después de ser proclamada candidata de Junts a las municipales barcelonesas del 2023. Entre lágrimas, Artadi anunció que dejaba todos sus cargos y responsabilidades, tras once años de “máxima dedicación” a la política independentista, período en el que se convirtió en estrecha colaboradora de Puigdemont y fue saltando de alto cargo en alto cargo, como si fuera el perfil idóneo para todos y cada uno de ellos (o como si el banquillo estuviera despoblado).
El “no puedo más” de Artadi parece un caso típico de burn out, o síndrome del quemado, que afecta a las personas dispuestas a entregarse sin límites a su trabajo… hasta que el cuerpo y la mente dicen basta, y empieza a dibujarse un cuadro invalidante de estrés crónico, agotamiento y sensación de impotencia y fracaso. La OMS definió en 2019 el burn out como una enfermedad, y si efectivamente fuera eso lo que le ha ocurrido a Artadi no habría más que recomendarle descanso, desearle un entorno laboral más saludable y esperar su pronta recuperación.
Con su “no puedo más”, Artadi aludió a una situación de fatiga extrema personal, contándonos el qué, o sea, el efecto de su mal. Pero no nos contó el porqué, la causa de su mal. Dejó pues a las mentes inquisitivas, a los curiosos, con una pregunta in mente: ¿no puede más de qué? Aquí caben varias hipótesis. La más inmediata sería que “no puedo más” de trabajar a un ritmo extenuante. Pero hay otras. Por ejemplo, “no puedo más” de trabajar en un partido que ha creído posible teledirigir la política catalana desde Waterloo, y aspira a acaudillar todo el independentismo desde plataformas alternativas a la Generalitat, a pesar de estar integrado en su Govern, donde ya aburre su greña insomne con el socio ERC. O, también: “no puedo más” de trabajar en un partido donde quienes han sido máximos dirigentes van abandonando sus posiciones. O, también: “no puedo más” de trabajar para un partido en el que los aspirantes al mando se pelean sin parar y dan la sensación de estar en una olla de grillos con un potencial de división infinito.
Esas son interpretaciones al alcance de cualquier militante o simpatizante de Junts. Pero si hablan los desafectos a la causa la versiones podrían ir más allá. Por ejemplo, “no puedo más”, pasados diez años de la manifestación del Onze de Setembre de 2012, tras asistir a los errores, primero, y al naufragio, después, del Procés, de mantener la ficción de la independencia, día sí día también, pese a saber que el proyecto no es realizable a corto ni a medio plazo. Y, claro está, “no puedo más” de ver como el Govern sigue priorizando un anhelo de parte al interés general.

(Publicado en "La Vanguardia" el 15 de mayo de 2022)