Niemeyer, arquitectura sensual

07.12.2012 | Reportaje de arquitectura

Barcelona

El arquitecto Oscar Niemeyer, racionalista y sensual, falleció el miércoles en Río de Janeiro. El próximo 15 de diciembre hubiera cumplido 105 años. Su recuerdo quedará asociado a Brasilia, la capital de nueva planta de su país, a la que dio carácter con sus edificios escultóricos, monumentales; y también a una arquitectura de líneas curvas, en la que la esencia moderna de Le Corbusier se ve fecundada por la exuberancia del trópico.
“No es la línea recta la que me atrae, sino la curva libre y sensual, la que encuentro en el cuerpo de la mujer amada, en las montañas de mi país, en la sinuosidad de sus ríos, en las nubes y en las olas”, escribió Oscar Niemeyer en sus memorias, precisamente tituladas Las curvas del tiempo .Niemeyer nació en 1907 en Río de Janeiro, ciudad a la que permaneció siempre fiel, pese a los exilios propiciados por su filiación comunista. Su familia, católica y burguesa, poseía una inmensa casa en el barrio de Laranjeiras, donde convivían varias generaciones. Ente los 17 y los 21 años, el futuro arquitecto llevó una vida bohemia. Contaba 21 años cuando se casó, sentó cabeza y decidió estudiar arquitectura, “por el gusto de dibujar”, según explicó. Se tituló con 27 años, en 1934, y un año después se enroló en el estudio de Lucio Costa y Carlos Leao, precursores del Movimiento Moderno en Brasil. Allí empezó a trabajar sin cobrar, seguro de haber elegido el lugar adecuado. No se equivocó. Pronto pudo colaborar en el proyecto del Ministerio de Educación y Salud (1936-43), en Río, una obra en la que participó Le Corbusier y que permitió al entonces joven profesional brasileño trenzar relaciones de primer nivel. También con Costa proyectaría el pabellón brasileño en la Feria de Nueva York (1939).Estos contactos, junto a otros que estableció en el mundo de la política, encarrilarían su carrera. En Pampulha, una humilde aldea de Belo Horizonte, recibió el encargo de proyectar varias construcciones. Juscelino Kubitscheck, que más tarde sería presidente de Brasil, era a la sazón intendente de esta región. De entre las obras de Niemeyer en Pampulha (1942-44), llamó poderosamente la atención la capilla de San Francisco de Asís, con su techo de bóvedas continuas que evocan un oleaje, y con la contribución de ceramistas y otros artistas, en busca de la obra de arte total. La libertad con que pudo actuar en Pampulha y el uso del hormigón armado como un material expresivo, moldeado a su gusto, dieron a Niemeyer la pauta para encargos posteriores. El mayor llegaría también de la mano de Kubitscheck. Pero, antes, Niemeyer tendría ocasión de colaborar estrechamente con Le Corbusier en el concurso (1947) y el posterior proyecto de la sede de las Naciones Unidas en Nueva York, que finalmente realizarían Harrison/Abramovitz. Y también en obras como el edificio Copan en São Paulo (1950), un innovador bloque de planta sinuosa.Al poco de alcanzar la presidencia, Kubitscheck citó a Niemeyer en su despacho y le dijo: “Voy a construir una nueva capital para este país, y quiero que me ayudes. Una capital moderna, la más hermosa del mundo”. El objetivo estaba claro: levantar una urbe en el interior pobre y provinciano, que fuera la expresión del progreso de Brasil.Brasilia no era entonces nada: una gran explanada en el Planalto, la zona central del país. Pero el desafío planteado por el presidente resultaba atractivo: convertir esa nada, cubierta de polvo rojizo, de barrizales cuando llovía, en germen de una nueva era.El plan urbanístico de Brasilia fue encargado a Lucio osta, que se inspiró en la forma de un pájaro en vuelo. Los grandes edificios se confiaron a Niemeyer, que los dibujó y los construyó con aire escultórico, pero usando estructuras ligeras, con columnatas que parecían apenas asentarse en el suelo. Uno de los más vistosos fue también de carácter religioso, aunque como en Pampulha poco tenía que ver con iglesias preexistentes. Se trata de la catedral de Brasilia (1958-70), un espléndido cono de cristal y hormigón que se abre en su remate como una granada. Esta fue una de las obras tardías de la nueva capital. La mayoría fueron levantadas en cuatro años, de 1957 a 1960, destacando los palacios de Alborada, Planalto y la Corte Suprema. Brasilia fue oficialmente inaugurada el 21 de abril de 1960.

Hombre preocupado por la desigualdad y la pobreza, militante del Partido Comunista de Brasil desde 1945, Niemeyer perdió el favor oficial cuando en 1964 los militares derrocaron el gobierno Goulart y las nuevas autoridades adujeron motivos “de seguridad nacional” para descabalgarlo de sus proyectos. En vista de que se esfumaban los encargos, Niemeyer empezó a trabajar en el extranjero ya acabó instalándose en París en 1967. Entre sus obras europeas y africanas de este periodo están la sede del Partido Comunista Francés en París (1967), el Centro Cívico de Argel (1968) o la sede de la editorial Mondadori en Milán (1968).

De vuelta a Brasil, Niemeyer produjo alguna de sus obras más populares, como el sambódromo de Río o el Museo de Arte Contemporáneo de Niteroi, especie de platillo volante sobre una peana, ante un paisaje de ensueño.

Premio Prítzker de arquitectura en 1988 –lo compartió con Gordon Bunshaft-, y premio Príncipe de Asturias en 1989, Niemeyer ha seguido en activo hasta poco antes de su muerte, con 700 proyectos a sus espaldas y 70 años largos de carrera. Entre sus últimas obras está la primera que hizo en España: el Centro Niemeyer de Avilés, en Asturias.