Navidad a tiros

20.12.2015 | Opinión

Papá Noel pega tiros con un rifle de asalto. Esta es la imagen que preside las vallas publicitarias de Blackstone, una armería de Charlotte (Carolina del Norte). De entrada, sorprende un poco. Tenemos a Papá Noel por un ser bondadoso y pacífico, que lleva regalos a los niños. Pero el ingenio comercial es ilimitado: en Navidad se regalan muchas armas, la temporada de caza vive su apogeo, y la competencia achucha. De modo que todo vale: ahí está el anuncio de Papá Noel repartiendo plomo en lugar de felicidad.

La publicidad de Blackstone ha dado qué hablar en EE.UU., primer exportador mundial de armas, país con 50.000 armerías, 300 millones de armas en manos privadas y 30.000 muertos anuales a tiros. Para algunos, la asociación entre el barbado personaje y las armas mortíferas es lamentable. Pero su autor dice que es “divertida”. Y otros añaden que los liberales son unos carcas esclavizados por la corrección política, que ya no se pueden hacer bromas y que el país está perdiendo el sentido del humor.

Es difícil compartir este último argumento, pocas semanas después de que en San Bernardino se produjera una nueva matanza. Y antes tantas otras, a menudo en centros educativos. Por ejemplo, en la escuela primaria de Sandy Hook, en la secundaria de Columbine, en la universitaria del Virginia Tech… Cuesta verle la gracia a cualquiera de estas tragedias, por mucho humor que le echemos. O al anuncio en que Papá Noel pega tiros.

Paradójicamente, este tipo de masacres fomenta la venta de armas. En parte, porque los ciudadanos creen que deben armarse para protegerse ante el creciente peligro. En parte, porque cada vez que el presidente Obama anuncia su intención de reducir el número de armas –retirando del mercado, por ejemplo, los fusiles de guerra o la munición que se ensaña con las víctimas–, los armeros se frotan las manos. Sus clientes temen entonces quedarse sin poder renovar su arsenal y hacen acopio de armas, como se acopian alimentos ante las amenazas bélicas o de catástrofe natural. Si a ello le añadimos que la industria armamentista de EE.UU. es la primera del mundo, y que la Asociación Nacional del Rifle, so capa de defender la Segunda Enmienda de la Constitución, ejerce como lobby armamentista casi imbatible, veremos que el problema planteado tiene mal arreglo.

Así las cosas, ¿cuál será la próxima gracia navideña? ¿Un anuncio localizado en el portal de Belén, donde sus moradores intercambien, con expresión de arrobo y gratitud, pistolas Glock? ¿Qué tal uno protagonizado por Gandhi con el dedo en el gatillo de un M-15, bajo el lema “Si quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mismo”? (Era el apóstol de la no violencia, sí, ¿y qué?). ¿Y qué me dicen de un anuncio personalizado destinado a los móviles de los niños, en el que se vea a sus padres y profesores friéndose a tiros en el patio de recreo escolar? ¿No sería, también, “divertido”?

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 20 de diciembre de 2015)