Ser catalán o ser de Madrid no es tan distinto como pretenden los partidarios del odio. Porque unos y otros somos congéneres, y porque todos soportamos presidentes autonómicos que no dan la talla: Torra en la Generalitat y Ayuso en Madrid. Hoy doy recreo a Torra y hablaré de Ayuso, que lleva días sembrada.
El jueves 7 Ayuso se tragó la dimisión de su directora general de Salud Pública, que se negó a avalarle el pase de Madrid a la fase 1 de desconfinamiento. Un día después, tuiteó: “Hemos controlado la epidemia y sabemos lo que hacemos”.
El domingo pasado Ayuso apareció en la portada de un diario fotografiada con mirada y ademán de virgen dolorosa. Ignoramos si fue para inmortalizar su condolencia tras la muerte de 8.000 madrileños a causa del coronavirus, o porque el fotógrafo hizo con ella lo que quiso.
El lunes por la mañana dijo en la radio que la d y el 19” de la Covid-19 indicaban que la plaga llegó en diciembre del 19, cuando la d es de disease (enfermedad). Por la tarde, participó en el Aula de Liderazgo del Instituto Atlántico de Gobierno, escuela encabezada por José María Aznar que se ufana de tener “líderes políticos y sociales de primer nivel internacional” como profesores. Creí pues de entrada que Ayuso sería alumna. Pero no. Iba de profe y aprovechó para sumar meteduras de pata a su currículo.
Dirigiéndose a los matriculados latinoamericanos, les dijo: “El virus nos ha unido genéticamente”, como si el virus tuviera poder retroactivo sobre la herencia biológica. Aznar elogió ese día sus “altas cualidades”. Y su mentor, Pablo Casado, suele presentar el gobierno de Ayuso en Madrid como un ensayo de lo que él haría en España. Quedan avisados.
El martes, se supo que llevaba tiempo viviendo gratis en un ático cedido por un hotelero con intereses en Madrid...
Ayuso es una mina. Modestia aparte, yo lo dije antes de las supuestas campañas en su contra que ahora denuncia. En la manifestación de Colón, antes de ser presidenta, se alegró por los 45.000 asistentes y añadió: “Pero si sumamos los que no han venido, veremos que la cifra es mayor”. ¡También sirve para contable! 
El principio de Peter nos advierte de que progresamos profesionalmente hasta alcanzar la incompetencia. Diría que este principio vale para Ayuso, que cursó periodismo y comunicación política, y que comunicando fatal ha llegado a presidenta de su Comunidad. Vale y se queda corto. A ella –y a Torra– podría aplicársele esta adenda: “Pero hay vida en la incompetencia, como prueba la irritante sensación de incredulidad y tomadura de pelo de las víctimas de dicha incompetencia”. O sea, de los madrileños.
Ciro el Grande, padre del imperio persa, sostenía que “sólo le corresponde mandar al hombre que vale más que aquellos a los cuales manda”. Han pasado 2.500 años, sí. Hoy Ciro quizás diría “el hombre o la mujer”. Pero no creo que cambiara nada más de su sentencia. 

(Publicado en "La Vanguardia" el 17 de mayo de 2020)