Luz y sardinas

16.03.2014 | Opinión

Eduardo Montes, presidente de la patronal de las compañías eléctricas, hizo una curiosa comparación entre la luz y las latas de sardinas. Ocurrió hace un mes en un espacio televisivo de Jordi Évole, en el que se hablaba de la pobreza energética. Es decir, la de quienes andan por casa con forro polar, bufanda y mitones, porque no les alcanza para pagar el recibo de la luz y se han quedado sin calefacción. (Ya de paso, apuntaré que la pobreza energética es la pobreza de moda este invierno, como antes lo fue la pobreza del parado, el desahuciado o el que come lo que desechan los supermercados.)

Inquirido por Évole, que quería saber más sobre la responsabilidad social de las eléctricas (un oligopolio poderoso y acostumbrado –dicen– a redactar el BOE), Montes se escudó en las reglas del mercado, defendió sin tapujos el afán de lucro y, rechazando la injerencia en su negocio del Estado, defensor último del ciudadano, se preguntó: “¿Acaso hay en España un organismo que controle el precio de la lata de sardinas?”.

Las sardinas son un manjar sabroso y muy nutritivo, como saben bien algunos pobres energéticos, o de los otros, que las han convertido en pilar de su dieta. Pero hay que precisar que uno puede vivir sin ellas –siempre nos quedará el “chopped”– y que, en cambio, la luz y la calefacción son un bien irreemplazable, especialmente de noche y en invierno. Quizás por ello, tras el programa, a Montes le dijeron de todo en las redes, donde fue comparado –¡ay, las comparaciones!– a los oriundos de Sicilia que han ganado fama en el mundo del crimen.

No sé si alguna gran empresa eléctrica consideró que su imagen social se había visto afeada por aquella intervención. Pero esta semana una de las grandes compañías del sector –de las que se desvelan por mantener su red en perfecto estado de mantenimiento, por evitar siempre averías o apagones, y que nunca hacen estimaciones abusivas de nuestros contadores de la luz– ha lanzado una campaña publicitaria para mejorar su imagen. La protagoniza una jubilada pelirroja que nos dice: “Soy Marta y como yo hay 650.000 personas que cobramos los dividendos de Iberdrola. Con este dinero completo mi pensión y vivo más tranquila”. Y luego viene el lema: “Iberdrola eres tú”.

He leído ese anuncio

con atención y creo haber captado el mensaje de Marta. Uno: la compañía es socialmente responsable y sustenta la vejez de los jubilados españoles (siempre y cuando sean más aficionados a la actividad bursátil que a la pobreza energética; a las rentas del capital que a las del paro). Y dos: es estupendo saber que esta empresa, como Hacienda, somos todos, porque según admitió Montes ante Évole, en lo que va de siglo las eléctricas han ingresado decenas de miles de millones, de modo que también habrá una porción del pastel para nosotros. ¡Tome ejemplo la industria de la sardina en lata!

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 16 de marzo de 2014)