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Luz, alturas, desnudez

10.05.2014 | Crítica de arquitectura

La capilla de meditación de la iglesia de Iesu tiene una planta cuadrada de ocho metros de lado y una altura de 25. Es un espacio de volumetría inusual, donde el menor ruido causa un eco sensacional. El eco y en concreto el eco de la memoria, vertebra esta obra de Rafael Moneo. Un viejo eco expresado con voz actual. Por ejemplo, un jardín a modo de claustro en medio de la construcción, o el crucero de planta griega.

La iglesia de Iesu se levanta en el nuevo barrio de Riberas de Loyola, integrado mayoritariamente por bloques de vivienda. Quizás por ello, tiene un volumen tirando a paralelepipédico, severo y ensimismado, que recuerda el de un castillo con puertas como celosías.

En el interior, donde convive el blanco de los muros con la madera de un mobiliario minimalista, destaca la iluminación cenital indirecta, que penetra por el perímetro cruciforme de su plano superior. El autor juega con la luz y también con las alturas, que oscilan en este interior entre los cinco y los 28 metros. De hecho, es interaccionando con la luz, las alturas y la desnudez del templo que Moneo consigue un espacio a la vez sereno y dinámico, además de hermoso. “El lujo –dice Jesús Mari Zavaleta, el párroco– no está aquí en la ornamentación, sino en el espacio”. Lo cual no obsta para que el templo reúna unas pocas, pero exquisitas, piezas artísticas: un tapiz de Chillida, una Virgen de José Ramón Anda, un retablo de Javier Alkain y un Cristo de inspiración románica y un sagrario de orfebrería que llevan la firma del propio Moneo.

A título anecdótico diremos que en un nivel subterráneo se ubica el supermercado Amara, cuyos anuncios son visibles en la fachada trasera de la construcción. “Reunir recursos para levantar un templo requiere imaginación”, admite Zavaleta. Y agrega: “Pero debo precisar que el supermercado subterráneo está junto al templo, no debajo”.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 10 de mayo de 2014)