Los friquis de Arriola

01.06.2014 | Opinión

“Todos los friquis acaban planeando sobre Madrid”. Esta fue la frase que elaboró Pedro Arriola para saludar la irrupción en la escena política española de Podemos, con su millón largo de votos y sus cinco diputados. Para el sociólogo y estratega de Rajoy, que ha logrado mantenerle en la Moncloa a base de tancredismo, los jóvenes que han capitalizado el malestar latente del 15-M son tipos raros. Raros e incluso monstruosos, puesto que “Freaks” eran los seres deformes de la película homónima de Tod Browning (“La parada de los monstruos” en su versión española). Y quien dice raros y monstruosos dice también perroflautas, obsesivos, exóticos, ridículos y demás acepciones del friquismo que nos ha deparado el uso indiscriminado de este anglicismo en tiempos recientes.

Hay que decir que Arriola es coherente al calificar de friquis y raros a los que hace poco llamábamos, con mayor propiedad, indignados. Porque desde su cómoda posición quizás no quepa imaginar algo más raro, monstruoso, exótico y opuesto que un joven parado, víctima precoz de la desigualdad social, al que en un rapto de sadismo complementario se le repite que no hay alternativa al neoliberalismo. Quizás si saliera a la calle y viera lo que hay, Arriola cambiaría de opinión. O quizás no, porque los del PP tienen a gala ser gente de principios inamovibles. Caiga quien caiga.

Sin embargo, no es necesario ser un analista tan experto como Arriola para darse cuenta de que la aparición de podemos no es una expresión del friquismo, sino de la física elemental. Era obvio que la gestión de la crisis, por parte de los gobernantes que no la vieron venir, fue muy lesiva para los intereses sociales. También que generó un descontento, primero disperso, luego más agregado, por ejemplo en un punto tan visible de Madrid como es la Puerta del Sol. También lo es que la perseverante política de recortes y la incapacidad para generar siquiera expectativas de mejora -salvo para los intereses inversores extranjeros, de momento- no ha hecho sino agrandar el descontento de los desfavorecidos. Y es también obvio, por último, que a consecuencia de todo eso ha ocurrido lo que tenía que ocurrir: el malestar ha acabado emergiendo y organizándose en una nueva formación que, por la cuenta que le trae, cuestiona el actual statu quo.

Nadie nace con vocación de friqui o de monstruo. Hay situaciones monstruosas, eso sí, a las que uno puede verse empujado, sin poder o saber hacer nada para evitarlas. Pero cuando son muchos los condenados a esa circunstancia, lo lógico es que se unan para defender sus intereses. Eso es lo mismo que hacen, por toros medios, los del PP, y no les va nada mal. Eso es también lo que harán a partir de ahora los de podemos: defender sus intereses. Sólo me atrevería a pedirles que, a poder ser, lo hagan siendo métodos más democráticos que leninistas. Y, a Arriola, le pediría que sea más comedido, menos incendieario y mejor analista. Por su propio interés.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 1 de junio de 2014)