COLAPSO es el sustantivo de moda. Colapsar es el verbo de moda. Los taxistas han tratado de colapsar unos días Barcelona, en protesta por la nueva regulación del sector, tarea a la que se han sumado sus competidores de los VTC. Los CDR y Òmnium animaron a colapsar Barcelona el 21-D, porque les parecía ofensivo que el Gobierno de Pedro Sánchez, con el que la Generalitat lleva meses negociando, celebrara aquí un consejo de ministros. Y diversos ciudadanos, desde el ex presidente Puigdemont hasta el ganador del Sant Jordi, se pronunciaron igualmente a favor del colapso barcelonés.
Hay cierto debate respecto al significado del verbo colapsar. Fuera del ámbito médico, colapso o colapsar han sido palabras relativamente poco empleadas en castellano. En inglés, collapse y to collapse han disfrutado de mayor uso, porque en esa lengua significan derrumbamiento y desplomarse, lo cual les da mucho juego: se derrumban los edificios tras un seísmo o los puentes por un error de cálculo, y se desploman los mortales en el sofá al llegar a casa derrengados o en el bar tras ingerir una copa de más.
Este uso extensivo de collapse ha llevado a algunos a pensar que colapso es un anglicismo. Pero es una palabra de origen latino, collapsus: caída global y completa, por ejemplo el fracaso de los sistemas del organismo humano. Por ahí va el sentido de colapso en castellano: un debilitamiento brusco y extremo de las actividades vitales, que conduce a la postración. O sea, colapsar supone asomarse al accidente catastrófico o incluso caer en él de modo irreversible.
Vistos los efectos del colapso barcelonés, me permito proponer nuevas acepciones para colapso y colapsar. Ahí van.
Colapso: en el marco de un conflicto político, económico o laboral, medida de presión con la que una parte en liza ataca a la otra por colectivo interpuesto, penalizando injustamente al conjunto de la sociedad. Colapsar: fastidiar y perjudicar al común de los ciudadanos obstaculizando su acceso a la urbe o la libre circulación por ella, al tiempo que se les priva de servicios públicos y se causan, por ahora impunemente, daños varios.
Disculpen la extensión de estas definiciones: estoy en primero de redacción de diccionarios. Intento tan sólo intervenir en el debate sobre el significado de colapso y colapsar y, ya puestos, llamar a las cosas por su nombre. O sea, llamar a taxistas, CDR y demás aficionados al colapso saboteadores, feo nombre, por cierto. Porque el verbo sabotear procede del francés saboter –trabajar chapuceramente– y sabotaje significa, según María Moliner, “entorpecer intencionadamente los obreros la marcha de una fábrica o taller inutilizando las máquinas o herramientas o los materiales o productos como medida para imponer sus aspiraciones”. Sustituyan “fábrica” por ciudad y “máquinas” por “libre circulación” y verán que el colapso se parece mucho al sabotaje. Aunque todavía no esté penado.

(Publicado en "La Vanguardia" el 27 de enero de 2019)