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La casa que respira

15.02.2014 | Crítica de arquitectura

Todas las casas respiran. Unas, poco. Otras, más. Y la que motiva estas líneas, mucho. En los alrededores de Barcelona crecen como setas las viviendas unifamiliares. Cada una lo hace a su aire, pero la mayoría intenta proclamar que a su propietario no le fueron mal las cosas. Eso nos puede dar, si el dueño es hombre de su tiempo, casas de forma cúbica, revestidas de piedra artificial, con climatizaciones abusivas y poca relación con el entorno.

Pero también hay propietarios que asocian su hogar ideal a uno que prime el aprovechamiento de los recursos naturales. Este es el caso de la vivienda construida en Mirasol por Emiliano López y Mónica Rivera –ganadores del FAD 2008– para una pareja con dos hijos y escuela de yoga.

Este peculiar programa ha propiciado la construcción de una espaciosa aula en un sótano con luz natural, mediante una estructura de hormigón. Y, encima, una vivienda de dos niveles que abrazan un patio –solución recurrente cuando el entorno no da para mucho–, y que está construida con una estructura de madera prefabricada y portante, revestida con aislante y rematada con lo que parece un rebozado, como el de las construcciones que caracterizan (o caracterizaron) la zona. La vocación sostenible de esta casa se manifiesta con varios elementos, desde los mecanismos geotérmicos que obtienen agua a 15º a unos cien metros de profundidad para la climatización, hasta la recuperación de las persianas de cordel montadas en las zonas acristaladas, que se combina con el refuerzo de árboles de hoja caduca en el patio, las cubiertas ajardinadas refrescantes y unas ventilaciones cruzadas estudiadas al milímetro. Añadamos a estos recursos el uso de madera extensivo en muros y techos que transpiran adecuadamente, amén de pinturas y cerámicas ad hoc, y tendremos una idea del acento natural de la obra.

Esta casa no prima la forma –la fachada principal es casi ciega–, pero acredita un esmerado trabajo, desde el diseño de la planta hasta los acabados. Esta casa no es, pues, llamativa ni icónica, pero funciona. Y lo hace sensatamente.

 

(Publicado en La Vanguardia el 15 de febrero de 2014)