Sin imagen

Inicio de la carrera francesa de RCR

29.05.2014 | Crítica de arquitectura

“Hemos iniciado nuestra carrera en Francia por arriba”, dice sin falsa modestia Ramon Vilalta, de RCR. Y tiene razón. No sólo porque el Museo Soulages constituye un equipamiento destacado en el tejido cultural francés. También porque su proyecto para esta institución figura entre los más ambiciosos y logrados de su trayectoria.

RCR ganó el concurso de esta obra en el 2008, entre un centenar de participantes. Un año antes, RCR había terminado cerca de Olot la casa Horitzó, vivienda unifamiliar con la que la obra de Rodez guarda cierta relación. Porque si bien el salto de escala es notorio, ambas se sitúan sobre un desnivel, generando dos fachadas diversas, y articulan una planta muy alargada y una sucesión de volúmenes cúbicos en alzado.

El primer acierto de esta obra es su situación en el solar, el parque del Foirail de Rodez, una explanada antaño usada como mercado de reses. Al colocar el edificio en su linde norte, logran darle el citado doble rostro, que es discreto y de baja altura en su fachada sur, ante la ciudad: poco más que una cancela de cierre de dicho parque, de unos tres metros. En cambio, en la fachada opuesta, colgada sobre un desnivel y enfardada al paisaje que rodea la ciudad, el edificio adquiere una potente corporeidad, con cinco volúmenes cúbicos de acero corten en voladizo. Esta posición y el hecho de que el edificio esté atravesado por un tramo de escaleras propician dos ejes dispuestos en cruz para paseos peatonales y hacen del edificio una especie de puerta para la ciudad.

Pese a presentar un alzado de línea quebrada, RCR han optado en el interior por un recorrido continuo por las salas expositivas, donde los tránsitos entre las torres y sus espacios intersticiales son fluidos. Y donde no se renuncia al juego de alturas -entre 6 y 14 metros-, que favorecen el dinamismo de la visita y también las salas de varia iluminación, más claras u oscuras en función de las piezas expuestas. Las hay muy oscuras y las hay con luz natural, que desmiente el aire exterior de obra ensimismada del museo.

Este importante volumen de acero oxidado tiene, gracias a sus líneas esenciales y severas, un empaque de monumento antiguo: sus reflejos rojizos lo relacionan con la piedra ferruginosa de la catedral de Rodez. Los espacios interiores, sin embargo, suelen ser confortables -el del amplio vestíbulo, el del auditorio suspendido, el del restaurante revestido de aluminio, el de la blanca y gran sala de temporales…- y buscan entre sí una relación armónica.

En suma, una construcción de fuerte personalidad y más de 6.000 meros cuadrados que constituye, en efecto, un buen inicio de la aventura de RCR en Francia. En este país, RCR desarrolla ahora una decena de proyectos, al tiempo que trabaja también para Bélgica o Dubái. Entre tanto, su cartera de pedidos en España es muy limitada.

 

(Publicado en “La Vanguardia” el 29 de mayo de 2014)