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Museu del Clima
Arquitectos: Toni Gironès
Ubicación: Lleida  Avenida Galileo Galilei, s/n

Ciertos pilotos de motociclismo no sueltan el manillar de la moto nunca, ni mientras se están cayendo. Su cuerpo puede volar sobre la moto, pero sus puños siguen aferrados a las manetas. A veces, cuando todo parece perdido, recuperan su montura, siguen en carrera y la ganan.
Esta imagen podría valer para el arquitecto Toni Gironès y su Museo del Clima en Lleida. Dicho proyecto tenía por objeto inicial, en el 2008, construir lo que se describió como un tercer CaixaForum, dedicado a documentar los fenómenos climáticos. Las obras empezaron en el 2010. Pero la crisis las paralizó en el 2011, con los trabajos estructurales por completar. Así estuvieron hasta el 2015, fecha a partir de la cual se realizaron pequeñas obras complementarias.
Otro arquitecto hubiera tirado la toalla. Gironès siguió aferrado a su proyecto. Y fue transformándolo hasta hacerlo posible. En el 2009 había decidido ya prescindir de los cerramientos de vidrio. Creía que un museo del clima no debía ser un contenedor cerrado al uso, sino un espacio donde el ciclo climático se expresara naturalmente sobre su solar. Luego, cuando se quedó sin presupuesto, optó por radicalizar la propuesta y transformar lo que entonces parecía condenado a convertirse en una ruina moderna en un equipamiento inacabado pero útil para dar respuesta de otro modo al programa inicial: invitando al usuario a experimentar la evolución del clima. Dicho en palabras de Gironès, el continente se convirtió en contenido.
El Museu del Clima está en el límite oeste de la ciudad de Lleida, en el Turó de Gardeny, entre instalaciones y viviendas militares, al lado de La Mariola, barrio con fuerte presencia de la comunidad gitana. Desde un principio, Gironès operó con estrategia propia. En origen se le pedía un edificio de nueva planta de 3.000 metros en un recinto de 12.000. Gironés decidió ampliar el recinto hasta los 36.000 metros. Poco a poco fue disolviendo los límites entre uno y otro, eliminando cerramientos, agregando los pinares circundantes, siempre en pos de un equipamiento que fuera también un gran espacio público ciudadano.
La actividad del centro, todavía de uso esporádico, orbita ahora alrededor de una plaza de 900 metros cuadrados, cubierta por una pérgola metálica con glicinas, donde se combinan el hormigón, el ingenioso trabajo con perfiles corrugados y materiales naturales como los cantos rodados. Bajo ella, un gran espacio subterráneo. Junto a ella, un talud de nueve metros con grandes piedras rocosas extraídas del solar, desde donde se enfatiza el diálogo con la Seu. Y, alrededor de ella,  elementos varios que la articulan con el entorno.
La obra fue oficialmente inaugurada en el 2017. Pero a ojos de profano parece inacabada. Su autor afirma que con 200.000 euros más podría terminarla. Si los recibiera e invirtiera allí, el presupuesto final rondaría los dos millones de euros, una tercera parte del inicial. Aún así, para el profano seguiría siendo una obra incompleta. Y algo de eso tiene. En parte, porque no estará completa hasta que los elementos vegetales alcancen el nivel previsto para que el museo será testigo vivo de la evolución del ciclo climático. Y, en parte, porque Gironès es un arquitecto que propone un cambio de paradigma, convencido de que la arquitectura no debe generar íconos, sino soportes del compromiso medioambiental.
El Museu del Clima en Lleida obtuvo ayer el Premio de Arquitectura Española 2019, que concede el Consejo Superior de los Colegios de Arquitectos de España, ex aequo con las viviendas Life Reusing Posidonia en Sant Ferran, en Formentera, obra de Oliver, Martín, Moyà, Reina y Garcías. En octubre, el Museu del Clima ganó uno de los dos premios especiales de la Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo. El otro fue para el SESC 24 de Maio de Mendes da Rocha en São Paulo.

(Publicada en "La Vanguardia" el 5 de noviembre de 2019)

Foto de Fernando Alda